“En el momento en que Melanie comprendió que no era más que una pieza astuta moviéndose en el gran tablero de ajedrez de Greyson, se fue de allí sin titubear. No pasó un día antes de que este viera un enjambre de pretendientes orbitando a su alrededor como abejas alrededor de una flor; la rabia lo consumió y maldijo el impulso de encadenar su muñeca a la suya. Decidida a deshacerse de su dominio, Melanie lo dio todo para escapar, con el corazón dolorido por la libertad. Greyson reunió sus últimas fuerzas para liberarla, pero cinco minutos agónicos después se desplomó, con las manos temblorosas, suplicando: "Si te vas, ¿puedes llevarme contigo?".”