“En el Día de San Valentín, me diagnosticaron cáncer de estómago en fase avanzada, con menos de un mes de vida por delante. Mientras me ahogaba en la confusión y el pánico, Sebastian Nash se arrodilló ante mí con una expresión angustiada y dijo: "Lo siento, Betsy. Me he enamorado de otra mujer". Luego me prometió con seriedad: "No te he engañado. Lo que comparto con ella es una conexión emocional profunda. No tendremos relaciones sexuales, y mis sentimientos y compromiso contigo no han cambiado. Seguiré cumpliendo mis deberes como tu esposo". Aferrándome con fuerza al informe del diagnóstico, logré articular unas palabras: "Está bien. Te dejaré estar con ella". Sebastian, sorprendido y preocupado, me abrazó y dijo: "Betsy, no me dejes. La amo, pero te amo más a ti. Por favor, no te enojes, no quiero que armemos un lío". Esbocé una sonrisa amarga: "No lo haré". Como una moribunda, nada merecía ya llantos ni escándalos.”