“Yo era Elena Cantú, una bailarina que renunció a todo por Damián Lobo, creyendo en su filosofía de que el amor debía ser libre, sin ataduras. Pensé que nuestro amor era superior, más puro de lo que cualquier juramento o anillo podría hacerlo. Entonces, lo escuché en el balcón de su penthouse, hablando con un amigo. "Claro que me voy a casar con ella. Ximena es la única para mí". Me llamó "un parche", desechando nuestros dos años juntos como si nada. Mi mundo se hizo pedazos. Cada gesto de amor, cada promesa susurrada, cada sueño compartido... todo era una mentira. Me dejó allí parada, corriendo hacia Ximena, que estaba llorando en el Bosque de Chapultepec. Allí, escuché la traición definitiva: "Nunca amé a Elena. La busqué por ti. Necesitaba que ella gestara a nuestro hijo para que tú no tuvieras que pausar tu carrera". El bebé que perdí no era nuestro; era de Ximena, concebido con el esperma de un donante. Yo solo fui un recipiente, una madre sustituta sin saberlo. Para colmo de males, me enteré de que yo era la verdadera heredera de los Garza, una verdad que Damián y Ximena conspiraron para ocultar y así proteger la herencia de ella. Incluso intentaron matarme, empujándome a una alberca, y Damián eligió salvarla a ella antes que a mí.”