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Amor Prohibido, Venganza Dulce

Capítulo 2 

Palabras:732    |    Actualizado en: 20/08/2025

si mi corazón se hubiera hecho pedazos, como si

gré decir con una voz ásp

ostura por primera vez. "¡Casi se quita la vida por culpa de ese vídeo! ¡Está

garganta mientras las lágrimas caían sin control. "Claro.

, dije, con el alma vacía. "

r, el sonido de otra llamada entró en su línea. Lo escuché murmurar

miedo... No m

viéndose suave y protector. "Tranquila, Lil

dejó sola, con el eco de su c

nica. Adrián ya había preparado todo. Al llegar, obligada, una enfermera de mirada compasiva me entregó los

habitación fría. El médico, un hombre

tirle. Su útero es inusualmente delgado. Este

sin co

e que después de esto, no pueda

cabeza de g

mó, su voz sin emociones. "Su condición hace que cualquier inte

s hablado de esto. Y aun así... aun así me había enviado aquí, a sacrificar n

ta fuerza que sentí el sa

teo en mi vientre. Una vibración suave, un

o un de

con una fuerza que no sabía

ones muy claras..." , comenzó

é la bata de papel, un símbolo de la sumisión que estaba deja

omento. Saqué mi teléfono. La noticia princi

s unidos que nunca: comprando juntos

ella, con una sonrisa radiante, acariciaba un vientre falsamente abultado. El titular lo explicaba todo: para

a era hora de que dejara a e

infiel y el bebé no era

a, seguro intentó amarrarl

ero no sentí dolor. Solo un frío glacial que s

susurré. "Mamá te va a proteg

o y firmé los papeles de divorcio que había pr

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Amor Prohibido, Venganza Dulce
Amor Prohibido, Venganza Dulce
“Mi esposo, Adrián, me llamó por teléfono. Para salvar la carrera de su amante, la famosa actriz Liliana Requena, me pidió que fingiera mi propio secuestro y me echara la culpa para desviar la atención de los medios. Pero eso no fue todo. Con una frialdad que me heló la sangre, me exigió que abortara a nuestro bebé. "Liliana no puede soportar más estrés" , me dijo. Me negué a perder a mi hijo, pero él, para proteger a su amada, me empujó con una fuerza brutal. Mientras yo sangraba en el suelo, él se fue con ella sin mirar atrás. Su madre fue aún más lejos: me encerró en una hacienda bajo un sol infernal hasta que perdí a mi bebé. Mientras me desangraba sola, recibí un mensaje suyo: "Lo siento, mi amor. Te lo compensaré" . Con el corazón hecho pedazos y el alma vacía, tomé mi teléfono y marqué un número que me había prohibido a mí misma durante años. La voz que respondió era la de mi padre, Augusto Sierra, el dueño del Grupo Sierra.”
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