Renacer para su amor salvaje
“El día de mi boda, la pantalla gigante del salón debía mostrar un video romántico de mi prometido y yo. En su lugar, proyectó un video sórdido, un deepfake de mí con otro hombre. Mi prometido, el célebre magnate tecnológico Eduardo Kuri, me señaló frente a toda la alta sociedad de la Ciudad de México. -Amelia Montenegro, eres una vergüenza. Mi propio padre dio un paso al frente, no para defenderme, sino para condenarme. Me repudió públicamente, anunciando que tenía otra hija, más bondadosa, que tomaría el lugar que me correspondía. Hizo un gesto hacia un lado, y mi media hermana ilegítima, Dalia Ramírez, apareció, con un aire inocente y frágil. Traicionada por los dos hombres que más amaba, huí del salón, consumida por la humillación. Al salir corriendo a la calle, un coche me arrolló con una fuerza espantosa. Mientras moría, floté sobre mi propio cuerpo destrozado. Vi cómo Eduardo y Dalia se abrazaban, su misión cumplida. Pero entonces lo vi a él. Joaquín Elizondo, un invitado a la boda, cayó de rodillas a mi lado, su rostro desfigurado por un dolor primitivo, animal. Abrí los ojos de nuevo. Estaba de vuelta en mi penthouse, apenas unos días antes de la boda que se suponía que sería mi fin.”