“El mundo regresó de golpe, en un destello blanco. Techo blanco, sábanas blancas, el olor estéril a antiséptico. Me punzaba la cabeza. Estaba en un hospital. Mi prometido, Camilo, corrió a mi lado, con el rostro marcado por la angustia. Se me ocurrió jugarle una broma, fingir que tenía amnesia. -¿Quién... quién eres? -susurré. Su alivio se esfumó, reemplazado por una mirada calculadora. Me mostró la foto de otra mujer, Hanna Núñez, una becaria en la empresa de su familia. -Ella es la mujer que amo -dijo, con la voz plana-. Pero tú y yo nos vamos a casar. Nuestras familias tienen un acuerdo. Una fusión de negocios. Es demasiado importante como para que falle. Mi mente daba vueltas. El hombre que amaba me estaba diciendo que toda nuestra relación era una mentira. Sentí una oleada de furia. -Entonces cancélalo todo -espeté. Me agarró la muñeca, con el pánico en los ojos. -Si esta fusión se cae, mi familia queda en la ruina. Hanna... ella es muy frágil. El estrés la destruiría. Mi vida, mi amor, mi futuro... todo era solo un daño colateral en su patético y egoísta drama. Yo no era más que un negocio. La ingeniosa y orgullosa Alicia Garza, heredera de un imperio tecnológico, reducida a una simple moneda de cambio. Más tarde, lo oí hablar por teléfono, con la voz suave y tierna. -No te preocupes, Hanna. Todo está bajo control. Tiene amnesia. No recuerda nada. ¿Que si me ama? Claro que me ama. Ha estado obsesionada conmigo desde que éramos niños. Es casi patético. Mi corazón se hizo añicos. Creía que yo era una tonta rota y olvidadiza a la que podía manipular. Estaba a punto de descubrir lo muy equivocado que estaba.”