“En mi primera vida, fui la adorada hija adoptiva de la familia De la Torre. Mis tres hermanos perfectos me colmaban de afecto, y Santiago, mi primer amor, me prometió el mundo entero. Pero todo era una mentira. Cuando incendiaron la mansión, se quedaron en el jardín y vieron cómo me quemaba. A través de las llamas, los oí reír. -Solo es una huérfana -decían-. Fingir que la queríamos todos estos años ha sido agotador. El único que corrió hacia el fuego por mí fue Damián De la Torre, el tío frío y distante que, según todos, me odiaba. Me abrazó mientras el techo se derrumbaba, susurrando: "Estoy contigo". Murió por mí. Mi mundo se había construido sobre su afecto, una mentira perfecta y horrible. Ahora, he despertado de nuevo, de vuelta en el despacho del abogado, una semana antes del incendio. Para heredar la fortuna multimillonaria, el testamento dice que debo casarme con uno de mis tres hermanos: mis asesinos. Así que, cuando el abogado me preguntó mi elección, sonreí. -Elijo a Damián De la Torre.”