“Santiago Garza y yo crecimos en el mundo gris de los orfanatos, jurando construir una vida que fuera solo nuestra. Ese sueño se hizo añicos el día que su familia, rica y perdida hace mucho tiempo, lo encontró y se lo llevó, dejándome atrás. Su madre me dejó claro que yo no era bienvenida. Me ofreció veinte millones de pesos para que desapareciera de su vida para siempre. Me negué, creyendo que nuestro amor no tenía precio. Esa creencia me llevó a un matrimonio secreto, a un cruel contrato de tres años para producir un heredero y a mi fracaso definitivo. Trajeron a una madre sustituta, Ximena, que no solo gestó a su hijo, sino que también le robó el corazón.”