“Durante cinco años, fui la posesión más preciada de mi esposo. No porque me amara, sino porque yo llevaba el corazón de su primer amor, Fabiola, que supuestamente estaba muerta. En nuestro quinto aniversario, un fantasma cruzó nuestra puerta. Fabiola estaba viva. Se rio y le dijo a mi esposo que su "muerte" había sido una prueba de cinco años para su amor. "¿Y el corazón que llevas dentro?", se burló, mirando mi pecho. "Ay, querida. Ese no es mi corazón. Debe haber sido de alguna otra pobre alma". El cimiento de mi vida, la razón entera de mi jaula de oro, era una mentira.”