“Los doctores me dieron tres años de vida. Usé hasta la última gota de mi fuerza para casarme con Damián Luna, el hombre que amaba. En nuestra noche de bodas, me abandonó por otra mujer. La trajo a nuestra casa, obligándome a servirla. Me hizo pedir perdón por crímenes que no cometí. Su familia me despreciaba, pero a ella la adoraban. Luego vino el secuestro planeado. Para salvarla, Damián me entregó -a mí, su esposa embarazada- al hombre que sostenía un cuchillo. Mientras la hoja se apretaba contra mi garganta, escuché la voz de mi esposo gritarle a la policía. -¡Disparen!”