“Esta fue la tercera vez que intenté suicidarme. En cada ocasión, mi cuñado, Damián Garza, me encontró y me salvó. Pero entonces, encontré su reloj, un Patek Philippe que yo había encargado para mi esposo, Eduardo, a quien daban por muerto en un accidente aéreo. El grabado en la parte trasera decía: "E&E, Para Siempre". El corazón se me detuvo. ¿Por qué Damián tenía el reloj de Eduardo? Un pavor helado me recorrió el cuerpo. Tenía que saberlo. Tenía que descubrir la verdad. Salí a trompicones de mi habitación del hospital y escuché voces desde la sala de espera. Era Karla, la prometida embarazada de Damián, y una voz de hombre que conocía mejor que la mía. Era la voz de Eduardo. Me asomé por la esquina. "Damián" sostenía a Karla en sus brazos. "Eduardo, ¿y si se entera?", susurró Karla. "¿Y si se da cuenta de que no eres Damián?". "No lo hará", dijo Eduardo, con la voz fría e indiferente. "Su dolor es demasiado profundo. Ve lo que quiere ver". El hombre que me había salvado del suicidio, el hombre que creía que era mi cuñado, era mi esposo. Mi esposo, vivo y respirando. Y me había visto sufrir, dejándome ahogar en el dolor, todo por la prometida de su hermano muerto. Mi mundo entero había sido una mentira. Una broma cruel y retorcida. Pero entonces, un nuevo pensamiento, frío y afilado, atravesó mi dolor. Una escapatoria. Sería lo suficientemente fuerte para destruirlo.”