“Fui la esposa de Bruno Jiménez, el jefe del Cártel Sterling. Durante años, fui la socia perfecta, ayudándolo a ascender de un joven sicario al jefe indiscutible, creyendo que era el hombre que una vez me salvó la vida y prometió protegerme para siempre. Esa ilusión se hizo añicos cuando lo escuché prometerle esa misma protección a una joven estudiante de arte con la que se acostaba. Cuando lo confronté, me llamó contaminada y retorcida. Cuando le pedí el divorcio, me cortó la mejilla con un trozo de vidrio y gruñó que yo le pertenecía. En público, le entregó mi fundación y un collar que era para mí a su amante, declarándola "su única y verdadera" frente a toda la ciudad. La traición definitiva llegó cuando nos secuestraron a ambos. Los secuestradores nos pusieron un cuchillo en la garganta a cada uno y le dijeron que eligiera. Me miró a mí, su esposa, y dijo: "La elijo a ella". Me abandonó para que abusaran de mí y me mataran, yéndose con su nuevo amor sin mirar atrás. Pero no morí. Un viejo leal a mi familia me salvó. Fingí mi muerte, escapé del país y construí una nueva vida sobre las cenizas de la anterior. Por fin era libre. Hasta esta noche, cuando entró en mi restaurante, un fantasma de la vida que había enterrado. Me encontró. Y me quiere de vuelta.”