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Su Imperio Cae, Su Amor Se Eleva

Su Imperio Cae, Su Amor Se Eleva

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Capítulo 1 

Palabras:1141    |    Actualizado en: 05/08/2025

onando, poniéndose morado, su pequeño cuerpo completamente rígido. Solté todo, lo levanté en brazos y c

e mi esposo, el magnate inmobiliario Fernando del Valle, se declarara en bancarrota. Pero el tráfico era un infie

n rey, junto a una joven, hermosa y muy embarazada Janeth Morales, su despiadada agente de bienes raíces. Mi

rada en el tráfico. Te necesito". Me ignoró, afirmando que se escondía de los acr

ro del que yo había visto en un año, mientras nuestro hijo luchaba por cada b

ientras nuestro hijo se moría? ¿Cómo podía elegir un espectác

que le había dedicado a este hombre... todo se había ido. Él había

ítu

hijo Leo atravesó las delgadas paredes

lavando. Se hizo añicos en el

do un aterrador tono azulado. Sus ojos, usualmente perdidos en su propio mundo

, mi amor,

temblor silencioso y violento sacud

contra mis costillas. Esto no era como sus episod

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. Leo no tenía

años con un motor que tosía, era mi única esperanza. Era una reliquia humillante de nuestra vida anterior,

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agarrando el dinero. Era

o hacia arriba, a una de las pantallas m

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reía con esa sonrisa carismática que había conquistado a mil inversionistas y a una esposa tonta. A su l

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resbaladizos por el sudor.

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equeño y dolorido

tían como ácido en mi estómag

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e había roto. El amor, la confianza, los años que le había dedicado a este h

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que salvar a nu

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Su Imperio Cae, Su Amor Se Eleva
Su Imperio Cae, Su Amor Se Eleva
“El grito de pánico de mi hijo Leo atravesó nuestro departamento en la colonia Narvarte. Estaba convulsionando, poniéndose morado, su pequeño cuerpo completamente rígido. Solté todo, lo levanté en brazos y corrí hacia el hospital, solo para que me dijeran que la ambulancia más cercana tardaría veinte minutos. Mi única esperanza era mi Tsuru de diez años que no paraba de cascabelear, una reliquia humillante de antes de que mi esposo, el magnate inmobiliario Fernando del Valle, se declarara en bancarrota. Pero el tráfico era un infierno, y un desvío me escupió en pleno Zócalo, donde billetes de quinientos pesos caían del cielo como si lloviera. Y allí estaba él, Fernando del Valle, en un escenario montado en una azotea, con los brazos extendidos como un rey, junto a una joven, hermosa y muy embarazada Janeth Morales, su despiadada agente de bienes raíces. Mi esposo "en bancarrota" estaba, literalmente, haciendo llover dinero, orquestando un obsceno truco publicitario. Lo llamé, desesperada. "Fernando, ¡es Leo! Está mal, no puede respirar. Estoy atorada en el tráfico. Te necesito". Me ignoró, afirmando que se escondía de los acreedores en un motel de Cuautla, y luego colgó para besar tiernamente a su amante. No nos amaba. Estaba en una azotea con su amante embarazada, tirando más dinero del que yo había visto en un año, mientras nuestro hijo luchaba por cada bocanada de aire. La furia y la traición se sentían como ácido en mi estómago. ¿Cómo podía mentir tan descaradamente, tan monstruosamente, mientras nuestro hijo se moría? ¿Cómo podía elegir un espectáculo público y una nueva familia por encima de su propio hijo? Una presa dentro de mí se rompió. El amor, la confianza, los años que le había dedicado a este hombre... todo se había ido. Él había tomado su decisión. Ahora yo tenía que salvar a nuestro hijo. Sola.”
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