Su Traición, Mi Memoria Borrada
“Cuatro años después de que mi hijo Leo se ahogara, yo seguía perdida en una niebla de dolor. Mi esposo, Elías Garza, el magnate tecnológico, era un santo para el público, un padre devoto que construyó una fundación a nombre de Leo. Pero cuando fui a finalizar el acta de defunción de Leo, el comentario casual de una empleada hizo añicos mi mundo: "El señor Garza tiene otro dependiente registrado". El nombre me golpeó como una bofetada: Mateo Montes, hijo de Karla Montes, la mujer que había acosado a Elías durante años. Los encontré, una familia perfecta, Elías riendo, una felicidad que no había visto en años. Luego, escuché a Karla confesarle a Elías que su aventura con ella fue la razón por la que no estaba vigilando a Leo el día que murió. Mi mundo se derrumbó. Durante cuatro años, había cargado con la culpa, creyendo que la muerte de Leo fue un trágico accidente, consolando a Elías que se culpaba por una "llamada de trabajo". Todo era una mentira. Su traición había matado a nuestro hijo. El hombre que amaba, el hombre que había construido una prisión de dolor a mi alrededor, vivía una vida feliz con otra familia. Me había visto sufrir, dejando que me culpara a mí misma, mientras su secreto se pudría. ¿Cómo pudo? ¿Cómo pudo pararse ahí y mentir, sabiendo que sus acciones llevaron a la muerte de nuestro hijo? La injusticia ardía, una rabia fría y afilada que reemplazó mi duelo. Llamé a mi abogado, luego a mi antiguo mentor, el Dr. Damián Castro, cuya investigación experimental sobre la eliminación de la memoria era mi única esperanza. "Quiero olvidar", susurré, "necesito olvidar todo. Bórrale de mi vida".”