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La Resurrección de Ximena

Capítulo 2 

Palabras:757    |    Actualizado en: 09/07/2025

ento de suicidio con el mango, pero mi alma se sentía más pesada que nunca. La m

, simplemente dejó una bandeja con un vaso de agua y

denó con su hab

nte. Las marcas de sus dedos todavía estaban allí, un recordatorio violento de la noche anterior. Vi un d

vamos en una hora", dijo

oroso de un pasado que ya no existía. Recordé una época, al principio de nues

preparó sopa y me dejó notas adhesivas por toda la casa. En el refrigerador, una nota decía: "Para mi e

en una caja, como prueba de que alguna vez hubo amor. Pero ese Sebastián había muerto hací

lejar los recuerdos. No servía

ar, esta vez con una ex

estás lista?

rro. "Déjame ir. Divorciémonos. Te daré tod

na carcaja

.. habilidad? Eres demasiado valiosa para de

ró de la barbilla,

ncionar el divor

era fuerte

, respondí,

certe algunas pruebas. Quieren entender cómo funciona tu regeneración. Valentina

, pero él estaba ciego de amo

es de regeneración", dije, m

... todo. Será para el beneficio del bebé. Pie

do con mi vida, mi cuerpo, mi dolor, para proteger al hijo ilegítimo de la amante de mi esposo.

o que había sido destruida y reconstruida noventa y nueve veces. El ciclo estaba a punto

comprender. Mi aparente sumisión no era debilidad, era

ada uno de sus caprichos. Yo me quedé en mi habitación, como una prisionera en mi propia casa, esperando la llamada. A

no. Había una nota de Sebastián. "Come bien

me costaba un poco más. Mi energía vital se estaba agotando. Podía sentirlo. Él, en su arroganci

staba. Y para entonces, sería demasiado tarde

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La Resurrección de Ximena
La Resurrección de Ximena
“Era la nonagésima novena vez que moría por Sebastián. El chirrido ensordecedor de los neumáticos, el giro descontrolado y el impacto brutal me arrojaron contra el muro, mientras su amante, Valentina, observaba paralizada. Sentí mis huesos romperse y mi aliento huir, pero al ver el alivio en sus ojos por la seguridad de "su luz de luna", supe que no había preocupación por mí. Una vez más, mi sangre manchó el asfalto bajo el sol inclemente, y él, sin pensarlo dos veces, me empujó frente a ella. Cuando desperté en la camioneta, Sebastián, con su desprecio habitual, me exigió disculpas por asustar a Valentina y a "su bebé" que venía en camino, un vientre apenas visible que era su arma. Me ordenó no manchar la camioneta con mi sangre, y al llegar a la mansión, el mayordomo me bañó a presión para no ensuciar las alfombras, mientras Valentina me ofrecía un mango, sabiendo mi alergia mortal. Me pregunté por qué seguía viviendo este infierno, por qué mi cuerpo se negaba a la muerte definitiva. El ciclo de noventa y nueve muertes y resurrecciones, cada una más dolorosa, me había dejado al borde del abismo. Tomé el mango, buscando la muerte número cien, la liberación, pero él, en un acto de furia posesiva, me hizo vomitar, gritando: "¡Tu vida me pertenece!". Mi frustración llegó al límite, pero en sus palabras sobre diseccionarme en un laboratorio para proteger "el bebé de Valentina", encontré una extraña esperanza. Este era el camino.”
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