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Mi Corazón Renacido

Capítulo 2 

Palabras:654    |    Actualizado en: 09/07/2025

eada de repente se siente fría. Ricardo se levanta de la ban

noto rara hoy", dice,

mano bru

e toq

undo, luego intenta una táct

portante, pero no tienes que ser así conmigo", dice con un

risa amarga

¿O para ti y para

veo cómo el color abandona su rostro. Su mandí

do", dice, pero su voz ha

espacio personal. "Sabes exactamente de lo que hablo,

lenciosa en medio del parque, ya no h

susurra, y hay un deste

on frialdad. "Y esta vez, la

vo, dispuesta a irme y

puedes hacerme esto! ¡Necesit

o, pero n

or encima del hombro. "Consigue tu prop

irme hacia la salida del parque, el corazón me late con fuer

pués de que Ricardo me dejara, yo estaba destrozada pero intentaba salir adelante, había un concurso de diseño par

dejé mi carpeta en la mesa del comedor para ir al baño, cuando volví, la carpeta h

a oport

enía una copia de la llave, la robó, saboteó mi futuro para asegurarse de que yo nunca pud

por dentro, una ra

la carta de Milán, la leo una y otra vez, mis m

s formularios, preparo mis documentos, actúo con una ra

erder ni u

rtificada, paso por un puesto de periódicos, en la portada de la sección de sociales v

Gómez, la joven promesa de

riunfador, un hombre hecho a sí mismo, nadie conoc

o cono

uro a m

acrificio, no habrá

, habrá

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Mi Corazón Renacido
Mi Corazón Renacido
“En mi lecho de muerte, el hospital olía a despedida, mis pulmones fallaban, no por enfermedad, sino por un desamor tan profundo que me consumió. Mi carrera como diseñadora, mis sueños, todo se había derrumbado por un solo hombre: Ricardo Gómez. Lo recordaba con amargura, aquel aspirante a chef que me convenció de entregarle mis ahorros, la beca a Milán, todo mi futuro, bajo la promesa de un restaurante "nuestro". "Mi amor, con ese dinero abrimos mi restaurante, será nuestro, te lo juro", me dijo, y yo, tonta de mí, le creí. Renuncié a Milán, trabajé lavando platos en "Sabor de Musas", su restaurante. Pero apenas llegaron las ganancias, él me echó a la calle; su nueva musa, Laura Sánchez, la chef pastelera, ocupó mi lugar en su cama y en su mesa. Los vi en revistas, exitosos y sonrientes, mientras yo me hundía en la miseria, el corazón roto y el alma hecha pedazos. La noche que colapsé, lo vi en televisión, declarando a Laura su "verdadera musa", y que yo solo había sido "un escalón". Esa última humillación me robó el aliento y la vida, sentí paz al partir, el pitido del monitor desapareciendo. Pero de repente, una luz cegadora y un ruido ensordecedor me devolvieron, abrí los ojos en un parque, con un joven Ricardo frente a mí. "Entonces, ¿qué dices, Sofi? ¿Me vas a apoyar? Es la oportunidad de nuestras vidas." El maldito día, la carta de Milán arrugada en mi mano. Había regresado, y esta vez, mi respuesta fue: "No, Ricardo, es tu futuro, no el mío." Él me miró con asombro, luego con una mezcla de sorpresa y enojo, y susurró: "No cometas el mismo error dos veces, Sofía." Él también lo recordaba.”
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