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Renacer del Dolor: Mi Amargo Dulce

Capítulo 1 

Palabras:885    |    Actualizado en: 09/07/2025

a muerte había podido borrar. Sentía el fuego recorrer mi piel, devorando cada centímetro, per

vés de la neblina del dolor, vi a mi prima Camila junto a mi cama de hospital. Su rostro

. "Toda tu vida lo tuviste todo, una familia que te ama

mí, su aliento

ntinuó, "todo lo

saron sobre el interruptor. Vi en sus ojos la misma envidia y codicia que la llevaron

s, pr

itido largo y agudo, y

banas de siempre, el ligero aroma a lavanda que usab

rastro de humo ni cenizas. Me toqué la cara, los brazos,

devolvió la mirada era yo, pero más joven, con la cara lle

la mesita de noche.

me dejó s

endio. Un día antes del

a vu

vez, no la iba a desperdiciar. Las lágrimas brotaron de mis ojos, pero no

i familia. A c

enzó a sonar, su timbre estridente era como un e

maba. Sabía qué

Elena, ya había contestado. Su rostro pasó de la somno

están ellos? ¡Dios mío!", exclam

de su estudio, alertado p

, preguntó con su v

éfono, sus ojos estab

anoche. Ellos... ellos no sobrevivieron". Hizo una pausa,

una piedra en el s

que habíamos acogi

ina, envuelta en una manta, con el rostro cubierto de hollín y lágrimas f

a abrazarla, l

le. No te preocupes, estás con nosotros, estás a sal

uedé de pie en la escalera, observando la escena con el estómago revuelto. Conocía cada u

ro, y mis padres estaban a pu

padres me llamaron a la sala. Camila estaba sentada en el sofá, ac

yo hemos estado hablando. Camila se ha quedado sol

ó, con los ojos

a vivir con nosotros, Sofía. La cuidare

la misma que yo les habría dado en mi vida anterior. Camila también l

as quemaduras, la risa cruel de Camila, el pitido f

niendo toda la fue

r uno, deteniéndome en el r

N

mi boca, tan fría y

ro que v

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Renacer del Dolor: Mi Amargo Dulce
Renacer del Dolor: Mi Amargo Dulce
“El olor a plástico quemado y carne chamuscada me llenaba la garganta, un recuerdo que ni la muerte había podido borrar. Sentía el fuego devorándome, pero el dolor más profundo era el de la traición que ardía en mi pecho. Mi prima Camila, con una sonrisa de triunfo, se inclinó sobre mí en la cama del hospital. "Pobre Sofía", susurró, "toda tu vida lo tuviste todo, mientras yo no tenía nada." Su aliento olía a victoria. "Pero ahora", continuó, "todo lo tuyo será mío." Vi en sus ojos la envidia y la codicia que la llevaron a prenderle fuego a mi casa, matando a mis padres y dejándome en este infierno. "Adiós, primita." La máquina emitió un pitido largo y agudo, y la oscuridad me tragó. Pero en lugar del vacío, sentí la suavidad de mis sábanas. Abrí los ojos: estaba en mi habitación, intacta. Busqué mi teléfono, y la fecha me dejó sin aliento: era un año antes del incendio. Un día antes del día en que todo comenzó. Había vuelto. El destino me había dado una segunda oportunidad. Y esta vez, no la iba a desperdiciar. Con una rabia helada y una determinación absoluta, juré proteger a mi familia a cualquier costo. Justo entonces, el teléfono de la casa comenzó a sonar, como un eco del monitor del hospital. Sabía quién llamaba. Sabía qué noticias traían.”
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