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Traición y Renacer: Luna Vuelve

Traición y Renacer: Luna Vuelve

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Introducción 

Palabras:328    |    Actualizado en: 09/07/2025

un chirrido, anunciando el fin

prometedora diseñadora de modas, después de hab

Su abrazo se sintió frío, sus palabr

na conversación en voz baja con

será tuyo. Con la colección de Luna y la historia

Mi propia

el, el abandono de mi familia... to

ra de mi propia sangre. Me habían robad

en la cárcel, él había sido mi única esperan

a una estrategia para mantener

ra la plataforma

fanado. Sus iniciales en la pared, mis obras como basura y, sobre mi me

había remordimiento. Solo la ir

, con una calma helada. Sabía que n

las lágrimas falsas corrieran.

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El Toro" Ramírez. El líder del barrio donde cumpl

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Traición y Renacer: Luna Vuelve
Traición y Renacer: Luna Vuelve
“La puerta de hierro se abrió con un chirrido, anunciando el fin de mi condena de trescientos días. Volvía a casa, a mi vida como Luna Mendoza, la prometedora diseñadora de modas, después de haber sido sentenciada por un fraude que no cometí. Mi esposo, Mateo García, me esperaba. Su abrazo se sintió frío, sus palabras vacías. Lo perdoné, queriendo creer. Pero entonces, escuché su voz. Una conversación en voz baja con alguien a quien llamó "mi amor". "Todo salió como planeamos," susurró. "El desfile será tuyo. Con la colección de Luna y la historia de cómo superaste la 'traición' de tu hermana..." "Sofía." Mi propia hermana. En ese instante, el fraude, la cárcel, el abandono de mi familia... todo se reveló como un plan. Su plan. La traición no era solo de mi esposo; era de mi propia sangre. Me habían robado mi colección, mi herencia, mi nombre. En cada uno de mis treinta días de infierno en la cárcel, él había sido mi única esperanza; me decía que me amaba, que luchaba por mí. Qué ingenua fui. Su "apoyo" era una estrategia para mantenerme dócil. Él era mi carcelero. Mi sufrimiento era la plataforma para su ascenso. Cuando llegamos a la mansión, el santuario de mi estudio había sido profanado. Sus iniciales en la pared, mis obras como basura y, sobre mi mesa, cartas de amor de Mateo para Sofía. Él me consideraba un "obstáculo". Vi su cara, la de Mateo. Ya no había remordimiento. Solo la irritación de un plan descubierto. "No hay nada que hablar," le dije, con una calma helada. Sabía que no podía mostrar mi rabia; no todavía. Simulé resignación, dejando que las lágrimas falsas corrieran. Me arrastró fuera del estudio. Mientras caminaba, mis dedos rozaron un teléfono desechable en mi bolsillo. Tenía una llamada que hacer. Sabía que solo una persona me ayudaría: Eduardo "El Toro" Ramírez. El líder del barrio donde cumplí mi condena. Un hombre que entendía de traiciones.”
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