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Mi Venganza, Mi Boda

Capítulo 1 

Palabras:652    |    Actualizado en: 09/07/2025

a de campo se abrió

pecable y una sonrisa arrogante. A su lado, Camila, su "prima" adoptiva

asado tr

ió aquí, a este lugar alejado de l

a falsa calidez que me revolvió el estómago. "Hemos

os mismos que solían susurrar a mis espaldas, llamándome la "huérfana afortunada", la

delante, su voz tan

icardo te ha extrañado.

raban que llorara y suplicara, que me arrastrara de vuelta a sus pies

rto hacía mucho tiempo, en el m

nquila se dibuj

i voz serena y clara. "Pero c

del atardecer se reflejara en el sencillo pero

toy ca

que siguió f

cardo se desvaneció, reemplazada por una incredulidad total. C

ijiste?", tart

. Recordé sus palabras de hace tres años, r

estar agradecida de que siquiera te miro. Vete al campo y reflexiona sobr

cial que creía que el mundo giraba a su alrededor. Me desprecia

una vez amé con todo mi co

recuperarse, su dulce fac

cardo", dijo suavemente, como si hablara con una niña. "Sabem

diseñada para menospreciarme, para pinta

ecuperando un poco

ado tiempo, te has vuelto un poco rara. Vam

ilia que siempre me había tratado con genuino cariño. Usa

la misma chica que

irada fija en ella. "Y tú, Ricardo, perdiste e

os errores fueron amarlo ciegamente y creer que él también me amaba. ¿Apren

rar la puerta. "Mi esposo llegará pronto a casa

c suave, dejándolos afuera, e

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Mi Venganza, Mi Boda
Mi Venganza, Mi Boda
“La puerta de mi vieja casa de campo se abrió de golpe, revelando la imagen que había intentado borrar por tres años. Allí estaba Ricardo Vargas, con su sonrisa arrogante y a su lado, Camila, su "prima", aferrada a él como una garrapata, mirándome con una mezcla tóxica de lástima y triunfo. Tres años. Tres infernales años desde que Ricardo me exilió aquí, al campo, para "aprender modales". "Sofía, mi amor", dijo con una falsa calidez que me revolvió el estómago. "Hemos venido a buscarte. Ya es hora de que vuelvas a casa". ¿Volver a casa? ¿Con ellos? La antigua Sofía, la huérfana "afortunada" que se arrastraba por las migajas de su atención, quizá lo hubiera hecho. Pero esa Sofía murió el día en que Ricardo me humilló frente a todos, ignoró mis súplicas y me calificó de desagradecida. Murió el día en que su indiferencia destrozó el único recuerdo de mi madre, un simple brazalete de plata que para mí valía más que toda su fortuna. Murió el día en que las palabras de Ricardo resonaron en mi cabeza: "Eres una huérfana, Sofía. Sin la familia Vargas, no eres nada". Esa Sofía ya no existía. "Lo siento, Ricardo", respondí, mi voz serena y clara, saboreando el momento. "Pero creo que hay un malentendido". Levanté mi mano izquierda, dejando que la luz del atardecer se reflejara en el sencillo pero elegante anillo de bodas que adornaba mi dedo. "Ya estoy casada". El silencio fue absoluto. Sus sonrisas se congelaron, la arrogancia de Ricardo se desvaneció, y Camila se quedó con la boca abierta. El juego había terminado. Y yo no era la que había perdido.”
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