icon 0
icon Recargar
rightIcon
icon Historia
rightIcon
icon Salir
rightIcon
icon Instalar APP
rightIcon

Promesas Rotas, Destinos Sellados

Capítulo 1 

Palabras:884    |    Actualizado en: 09/07/2025

simple vista parecía común, pero que bajo el capó escondía la potencia de una bestia de ca

achoques trasero, tan cerca que Ricardo solo podía ver la arrogante parrilla del auto en su retrovisor. El

de Lucha Libre. Ahora era Ricardo Ramírez, el empresario, el dueño de "Imperio de Máscaras", la promotora de Lucha Libre más grande del país. Su imagen públ

a, señalizando con antelación, esperando que

veinticinco años, con gafas de sol de diseñador, una sonrisa burlona y el pelo perfectamente peinado. El joven lo miró, acele

precio puro. Levantó el dedo medio y volvió a

umillación pública, la falta de respeto descarada, todo estaba diseñado para provocarlo. Y estab

mpre le pedía que fuera discreto, que protegiera el nombre que tanto le había costad

nte, permitiéndole ver un detalle en el

igura de un halcón de plata, una réplica exacta del amuleto qu

es, lo r

eses, como regalo sorpresa por su cumpleaños. Ella había llorado de la emoción, le había dicho que era el mejor regalo de

ment

n frío glacial que le recorrió la espalda. La provocación ya no era de un desconocido

er que Ricardo acababa de conectar los puntos. Aceleró y

vez, la

do no

normalmente silencioso, rugió con una furia contenida

cto fue

Porsche quedó destrozada, convertida en un acordeón de fibra de carbono y aluminio. El

ril. Mateo, aturdido por el golpe, se quitó las g

ncio, el corazón martillándole en el pecho, no por la adrenalina del ch

Porsche dando un

! ¡¿Sabes cuánto cuesta

de Ricardo, golpeando el

o! ¡Me vas a pagar hasta el últi

l hombre que se estaba acostando con su esposa, conduciendo el coche que él le

Iba a dejar que este payaso hablara. Iba a dejar que se enterrara solo. Querí

rabia de Mateo, supo que n

Obtenga su bonus en la App

Abrir
Promesas Rotas, Destinos Sellados
Promesas Rotas, Destinos Sellados
“Conducía mi sedán negro por la avenida principal, un día cualquiera, deseando llegar a casa y abrazar a mi amada Sofía, mi mundo, mi razón de ser desde que dejé los cuadriláteros. Pero entonces, un Porsche amarillo chillón, imprudente y agresivo, apareció por mi retrovisor, pegándose a mi parachoques trasero, como una declaración de guerra absurda. Intenté ignorarlo, pero el conductor, un jovencito insolente, me cerró el paso una y otra vez, riéndose y levantando el dedo medio, como si mi paciencia fuera su juguete. El corazón me latía con furia, la humillación pública era insoportable, pero me repetía a mí mismo: "Por Sofía, Ricardo, por Sofía, mantén la calma y no armes un escándalo." Fue entonces cuando la vi: la pequeña figura de un halcón de plata colgando del espejo retrovisor del Porsche, una réplica exacta del amuleto que le regalé a Sofía el mes pasado, el mismo auto que le compré a ella hace dos meses. Una mentira. Todo era una vil mentira. El frío de la traición me caló hasta los huesos. No era un desconocido. Era él. Mateo. Mi esposa. El dolor era indescriptible, pero la rabia se transformó en una calma helada, una determinación inquebrantable. Él no sabía con quién se había metido. Ya no me detendría. Pisé el acelerador de mi sedán, antes silencioso, y el rugido de mi máquina, como un halcón que recupera su presa, anunció el impacto. El sonido del metal retorciéndose fue brutal, un acordeón de fibra de carbono destrozado, mientras mi auto, apenas con un rasguño, permanecía intacto. Bajé del auto, el corazón aún me martilleaba en el pecho, no por la adrenalina, sino por un dolor oscuro, por la verdad que acababa de chocarme de frente. "¡¿Estás pendejo o qué?! ¡¿Sabes cuánto cuesta este coche, imbécil?!" Mateo, pálido y aturdido, me gritaba, exigiendo, amenazando con destruirme. Pero yo ya no veía a un simple arrogante. Veía al hombre que se acostaba con mi esposa. Veía el coche que yo le regalé a ella, ahora en sus manos, como un trofeo de nuestra traición. Veía el amuleto, el símbolo de nuestro amor, profanado y usado para burlarse de mí. Una calma aterradora me invadió. No iba a hacer nada. Aún. Quería ver hasta dónde llegaba la madriguera del conejo. Quería saber toda la verdad. Y, por su rostro, supe que no tendría que esperar mucho.”
1 Introducción2 Capítulo 13 Capítulo 24 Capítulo 35 Capítulo 46 Capítulo 57 Capítulo 68 Capítulo 79 Capítulo 810 Capítulo 911 Capítulo 1012 Capítulo 1113 Capítulo 1214 Capítulo 1315 Capítulo 1416 Capítulo 1517 Capítulo 1618 Capítulo 1719 Capítulo 1820 Capítulo 19