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Condenada al Infierno de Él

Capítulo 4 

Palabras:791    |    Actualizado en: 09/07/2025

La metieron en la parte trasera de una camioneta, tirada sobre unas man

en las afueras de la ciudad. El olor a óxido y humedad

. La misma mesa de metal de la otra vez,

Su rostro era una másca

?" le ladró a uno

lo atacó. Se puso como

atada a la mesa de nuevo. Su mirada n

emas. Ni siquiera pued

ó. Era un hombre mayor, con ojo

r, revisando a Sofía. "No está complet

er. "Sácalo. Ahora. Rodrigo ya viene en camino.

eligroso para ella

su voz helada. "Ella es solo el recipiente. Si se muere en

sintió, tra

lo el frío del metal contra su espalda, las manos ásperas de los guardias sujetándola, y el dolor.

n de su boca mutilada eran ahogados

nte brutal, algo dentro de ella se rompi

, el dolor

ntió

tan

a mesa, convulsionando. Veía su rostro, contorsionado por una agonía que ya no sentía. Veía a Javie

de abajo, esa mujer que sufría,

distante. Vio cómo el doctor usaba fórceps, cómo la violencia del par

sacaba a una pequeña criatura, ro

ó la habitación. Un lla

el doctor, con un ali

a desangrándose en la mesa, sino para inspeccionar

segúrense de

a la bebé y se la llevó a un ri

. Estaba quieto. Demasiado quieto. Un charco de sangre se extendía a su a

osa, acercándose a Javier. "La mujer...

quiera miró

vive, vive. Si no, ya

erencia

silencioso vacío. Vio su propia muerte, la muerte de su cuerpo, como si viera

, Javier hizo

del cuerpo inerte, Javier se acercó a la mesa. Miró el rostro páli

y, con una delicadeza que contradecía toda su

ra soportar ver

del bebé, el pánico del doctor, la figura de Javier de pie junto a un cuer

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Condenada al Infierno de Él
Condenada al Infierno de Él
“La puerta se abrió de golpe, y con ella, mi vida se hizo pedazos. Javier, mi Javier, el hombre que juró protegerme y que era el padre de mi hijo nonato, estaba irreconocible, transformado en una bestia furiosa. Me acusó de la traición más vil: entregar a mi propia hermana, Isabella, a Rodrigo, mi ex y su rival, usando información confidencial sobre sus rutas. El golpe en mi mejilla fue el inicio de un infierno, una bofetada que no solo me dolió la piel, sino que me rompió el alma. "¡Mientes!", gritó, y el mundo se congeló. Mis súplicas cayeron en oídos sordos mientras me arrebataba brutalmente lo más preciado. Vi la aguja, sentí el pinchazo, y el horror se materializó: mi vientre, mi hijo, nuestra esperanza, desaparecía en una agonía indescriptible. ¿Cómo pudo hacerme esto? ¿Cómo pude ser tan ciega? ¿Y por qué? ¿Por qué la crueldad no tenía límites? Al despertar, el vacío insoportable en mi vientre era un agujero negro que devoraba cada centímetro de mi ser. Él no solo me había quitado a mi hijo, sino que me había condenado a una tortura aún mayor. Me obligó a ser la "incubadora" para la hermana clonada de Rodrigo, la misma persona que me había arrastrado a este abismo. Atada, mutilada y sin voz, me negaron incluso la liberación de la muerte. Aquí, ahora, en este infierno terrenal, mi dolor se convirtió en una fría promesa.”
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