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Traición y Amor: El Regreso de Elena

Capítulo 3 

Palabras:691    |    Actualizado en: 09/07/2025

n lugar de ir a mi habitación, me dirigí al estudio de mi madre, el ún

eo me siguieron. No

ir una disculpa pública a Brenda y a Sofía, y vas a firmar un documento di

?", lo

pero con el testimonio de tu padre y un buen psiquiat

. Sabían que tenía razón y el mie

resa. Que ellos revisen los libros de contabilidad de los últimos cinco años, los pape

en los ojos de Rica

a. "¡Es un asunto familiar! ¡No necesitamos extr

i teléfono del bolso. "Y estos no son sus trap

car el número

tus amenazas!"

ó el teléfono de la mano y lo estrelló contra el suelo de mármol.

tiempo, explotó dentro de mí. Sin pensarlo, levanté la mano y le di u

táneamente en su mejilla. Se quedó paraliz

l se apoderó de su rostro. Ver a su precioso hijo m

te atreves a tocar

violencia. Luego, me empujó. Me empujó con

ro y afilado: la esquina de la mesa de caoba donde, irónicam

mano a la cabeza y cuando la bajé, mis dedos estaban cubiertos de sangre. Roja y espesa, mezc

la neblina del dolor, vi sus rostros. Mateo, con la mano en la mejill

do lo que había hecho. Vi un atisbo de algo, ¿arrepenti

y le puso una

jo, su voz un susurro

ella. Se dejó guiar

ravesó mi mente. Un recuerdo. Yo, de niña, cayendo de un columpio. Mi madre, Carmen, corriendo hacia mí, levant

mientras una lágrima de rabia y dolor rodaba por

bía abandonado

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Traición y Amor: El Regreso de Elena
Traición y Amor: El Regreso de Elena
“La mansión de los Mendoza, un nido de falsedad, celebraba el cumpleaños de Brenda Flores, la favorita, mientras yo, Elena Castillo, la verdadera heredera, observaba desde las sombras. Mi padre, Ricardo, y mi madrastra, Sofía, la exhibían como un trofeo, y mi hermanastro Mateo la devoraba con la mirada. Entonces, Brenda se acercó a mí, fingiendo inocencia, y de repente, un grito agudo, un tropiezo deliberado, y el champán helado se derramó sobre ella. Cayó al suelo, y con lágrimas falsas, me acusó: "¡Nena! ¿Por qué hiciste eso? ¡Me empujó! Solo quería ser su amiga, pero ella siempre me ha odiado". Mi padre exigió una disculpa inmediata, pero me negué. No iba a disculparme por algo que no hice, ni a seguir jugando su vil circo. Les revelé la verdad: Ricardo es solo un empleado de mi madre, Carmen Castillo, la verdadera dueña de la fortuna, y Mateo, ni siquiera es hijo biológico de mi madre, sin derecho a heredar nada. La casa, el imperio, todo es de ella. El silencio fue ensordecedor. La furia de mi padre se desató, y en un arrebato, me empujó. Mi cabeza golpeó la mesa, y la sangre manchó el suelo, junto a los restos del pastel. Mi padre y Sofía me abandonaron a mi suerte, viéndome sangrar. En ese instante, supe que estaba sola contra todos. Pero justo cuando la desesperación me invadía, Juan, el mayordomo, apareció, como un ángel guardián. Su lealtad a mi madre superaba cualquier miedo. Me dio un teléfono desechable: "La señora Carmen sabía que esto pasaría". Y entonces, marqué el número de mi madre, la emperatriz, para contarle todo. "¿Qué te hicieron?", su voz, antes de hielo, se convirtió en fuego puro. "Voy para allá. Mi vuelo sale en dos horas. Es hora de sacar la basura, hija. Y lo vamos a hacer juntas". El juego ha cambiado.”
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