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Fuego y Odio: Un Amor Roto

Capítulo 2 

Palabras:804    |    Actualizado en: 09/07/2025

n mi dirección. Era Ricardo Guzmán. Su rostro, usualmente

s hombros, su ag

hiciste a Elena

, sin lugar a dudas. Para él

ganta seca. El calor en mi cuerpo era cada vez

echa y asco. "Siempre supe que eras una acosador

s ganas. Simplemente lo aparté de mi

itación de una patada y entró. Escuché el

! ¡Ricardo

e cerró de

e casen. Que vivan su "gran amor". Cualquier

latón era el de una extraña. El rostro sonrojado, los ojos vidriosos, el sudor br

. Necesitaba apagar

egaron por un momento. El aire nocturno no hacía nada para enfri

o, lleno de gente. Me abrí paso a empujones hasta el

í sin pensar y entré. Era un pequeño almacé

é hasta una esquina, tratando

¿estás

nté la vista. Una figura alta y esbelta estaba de pie en la puerta,

... agua,"

odilló frente a mí. Sentí una mano fresc

iendo. ¿Qué

. Las lágrimas empezaron a rodar por mis mejillas,

as. Me ayudó a ponerme de pi

poco mejor. Me llevó a su coche, un modelo elegante y discreto. No prote

n la mía, firme y reconfortante. Me llevó a otro hotel. Con

envenido. Me ayudó a quitarme la ropa mojad

o dentro de mí comenzaba a calmarse. La mujer se se

s," log

tió. "De

a su mano. La droga me hacía vulnerable, nece

ita," murmuré, m

e. "Tú no estás en c

desesperado. Para mi sorpresa, ella respondió. Su beso era suave,

que pareció una eternidad, hasta que el agotamiento

ón estaba inundada por la lu

abía soñado todo. Pero entonce

cadena de plata con un peq

era

ra real. La noche ant

ico y elegante, todavía flotaba en el aire. Dejé el coll

me había salvado. Y eso era

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Fuego y Odio: Un Amor Roto
Fuego y Odio: Un Amor Roto
“El fuego me quemaba, el humo me asfixiaba, y los gritos desgarradores de mi hija Valentina aún resuenan en mis oídos. Intenté salvarla, pero una viga en llamas bloqueó mi paso. A través de las llamas, vi a Elena Vargas, la mujer que amé por diez años y madre de mi hija, de pie junto a la puerta, con el rostro impasible y los ojos llenos de un odio helado. La puerta estaba cerrada con llave. "Si no fuera por ti y por esa niña", dijo, "¡cómo habría muerto Ricardo? Desde que él se fue, yo he estado muerta en vida. ¡Hoy las arrastraré a las dos conmigo para que le hagan compañía!" El dolor era insoportable. Lo último que vi fue su sonrisa de satisfacción mientras las llamas nos consumían. Así que era eso. Nos odiaba. Nos odiaba con toda su alma. No entendía cómo el amor de una década podía transformarse en un odio tan puro y mortal. ¿Por qué nos culpaba de la muerte de Ricardo, su "amor platónico"? ¿Qué había hecho yo para merecer este infierno? Abrí los ojos. Estaba en una lujosa habitación de hotel. Elena Vargas se tambaleaba frente a mí, drogada, buscando mi ropa. Esta era la noche en que mi hermana Sofía la drogó, la noche que lo cambió todo. No. No otra vez. No permitiré que la tragedia se repita. Esta vez, voy a cambiarlo todo.”
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