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Atada a Ti: Mi Dueño Cruel

Capítulo 2 

Palabras:642    |    Actualizado en: 08/07/2025

palabras una y otra vez, esperando que cambiaran,

a. "Esto no es posible. M

io de engaño en su rostro, pero él permanecía impasible,

dijo él con una calma exasper

iría esto. Alguien lo obl

do el espacio, haciéndolo sentir más pequeño, más sofocante. Se detuvo j

pero llena de autoridad. "Míra

inó sobre el escritorio, sus ojos fijos en el papel. La caligrafía era perfecta, cada curva, cada trazo er

ones en ciertas letras. Era real. O al menos, una imitación tan perfecta que era imposible de distinguir. El pánico se apoderó de ella, un torbel

lucho junto a su oído. "No hay nada q

de muerte. Su padre, pudriéndose en una celda por un crimen

para enfrentarlo. Las lágrimas ardían en sus ojos, pero

o, solo existía la imagen de su padre tras las rejas, su rostro envejecido por la pr

ndose. "¿Qué quieres? Te daré lo que sea. Di

rito. Ricardo la miró fijamente, su expresión indescifra

ó él, una ceja arquead

s finalmente rodando por s

oco más, su alient

íllate

procesó. Luego, el significado la golpeó con la fuerza de una bofetada.

lo que era, se rebelaba contra esa orden. Pero la imagen de su p

hundió en la gruesa alfombra a los pies de Ricardo Vargas. El sonido de la tela de su vestido al roz

atisfacción. No dijo nada, simplemente la dejó allí, en el suelo

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Atada a Ti: Mi Dueño Cruel
Atada a Ti: Mi Dueño Cruel
“La noche en la Ciudad de México caía pesada, como un presagio. Mi padre, un líder comunitario respetado por todos, había sido arrestado bajo absurdas acusaciones de malversación. Sabía que detrás de todo estaba Ricardo Vargas, un hombre poderoso y manipulador que tenía nuestro destino en sus manos. Desesperada, acudí a él, implorándole ayuda. Pero Ricardo, con una sonrisa fría que nunca llegó a sus ojos, me exigió algo a cambio: "Arrodíllate", dijo, y la humillación me quemó el alma. Me obligó a someterme, a entregarle mi cuerpo y mi dignidad a cambio de una esperanza para mi padre. Cuando mi viejo amigo Diego apareció con una impactante revelación, mi mundo se puso de cabeza. "Esa carta... es falsa", me aseguró, mostrando pruebas irrefutables. La ira me cegó, porque Ricardo lo sabía. ¡Sabía que la prueba contra mi padre era una farsa y aun así me había humillado! Lo confronté, pero él, en lugar de arrepentirse, solo intensificó su control. "Ahora me perteneces", gruñó, su furia tan palpable como su posesión. Mi abuela, Elena, la matriarca de los Vargas, me reveló el pasado oscuro de Ricardo, un hombre herido que no sabe amar. Luego, la verdad final: Diego era su espía, la prueba del papel, una trampa más. Todo fue un plan sádico y retorcido para salvar a mi padre y al mismo tiempo atarme a él. Con mi padre libre, miro a Ricardo, el hombre que me aterrorizó y me salvó. Y aunque mi corazón está destrozado, me pregunto si, entre tanta oscuridad, ¿podrá nacer un amor?'”
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