icon 0
icon Recargar
rightIcon
icon Historia
rightIcon
icon Salir
rightIcon
icon Instalar APP
rightIcon

La Elegida Olvidada del Sol

Capítulo 1 

Palabras:1115    |    Actualizado en: 08/07/2025

a copal quemado y la tensión no expresada de cientos de nobles, to

del Sol", sería formalmente reconocida como la esposa principal del Emperador

de obsidiana y plumas de quetzal, no vi destin

resonó en el silencio, cada palabra un golpe. "¿A una mujer cuya únic

anca se sentía como una mortaja, mi corazón latía con

, ya había sentido esta humillación, y

erza de un rayo, no como un sue

a llorado, había intentado recordarle el pact

ndato de los dioses" , le había dicho,

ta fue una

ó de mis títulos y me entregó a su

el pacto, fue acusada de traición, sus tierras co

nuestro hogar, y todo porque el Emperador e

a ahora, con una sonrisa disimulada y una mir

a en una fosa helada en las afueras de la

de la traición y el sonido de las risas de Cit

itl" , me susurró. "Ahora solo

me habían abandonad

a oportunidad, no por pie

apenas unos días, justo a tiempo

no había lágrim

plicas en m

una determinación tan

endentemente calmada, clara, sin un atisbo

y lo miré directa

por mi falta de reacción, esper

ir, mujer? ¿Ninguna súpli

unca había conocido la verdadera adversidad, un líder q

a su brazo, su rostro una más

voz dulce y melosa. "Quizás realmente cree en esas

labras era un vene

me habían enfurecido, me habían h

n una serenidad que

a muestra de sumisión que contra

do con una sinceridad vacía. "Si mi presencia y mi linaje son una farsa, entonces no

en el salón

dotisa Madre que me observaba con ojos preocupa

el Emperador" , continué, manteniendo la cabeza baja

una sombra de duda cruzand

on de las manos, mi sumisión lo desar

on un gesto de desdén. "No qu

sin prisa, sintiendo cient

la de Cuauhtémoc, el líder de los guerreros águila, un hombre conocido

ino una profunda preocupació

pocos que realment

urró algo al oído y ella soltó una risita cris

fija en ella, una mirada llena de un

mi memoria, una répli

, el dolor no

ntó la llama fría q

u nido de amo

es, no volvería a rogar

plemente me h

mperio cuya prosperidad dependía de la sangre que corría por

aría sobre esas cenizas, suplicando por la f

mi única razón para v

activamente, no, eso

evelara por sí misma, a través de la h

ía la propia ca

Obtenga su bonus en la App

Abrir
La Elegida Olvidada del Sol
La Elegida Olvidada del Sol
“El gran salón del palacio rezumaba incienso de copal, denso y pesado, mientras cientos de nobles se congregaban para la ceremonia que sellaría el destino del imperio. Yo, Xochitl, la "Elegida del Sol", estaba a punto de ser consagrada como la esposa principal del Emperador Itzcóatl, uniendo nuestros linajes sagrados para asegurar décadas de prosperidad. Pero al mirar a Itzcóatl en su trono, solo encontré un desprecio gélido. "¿Realmente creyeron que me ataría a esta farsa?", su voz resonó, "¡A una mujer cuya única virtud es un cuento de viejas!". Inmóvil, con la túnica ceremonial blanca como una mortaja, mi corazón latía con el eco doloroso de una vida pasada. Porque ya había vivido este momento, ya había sentido esta humillación, y sabía su desenlace. El recuerdo me golpeó como un rayo: en mi vida anterior, había suplicado entre lágrimas, recordándole el pacto ancestral. Él se había reído cruelmente, repudiándome y entregándome a sus guardias como a un animal. Mi familia, protectora del pacto por generaciones, fue acusada de traición, sus tierras confiscadas, sus nombres borrados. Todo, por el ciego amor de Itzcóatl hacia su concubina, Citlali, quien ahora sonreía con triunfo a su lado. Mi final fue brutal: abandonada en una fosa helada, morí de hambre y frío, con las risas de Citlali susurrando: "El sol te ha abandonado, Xochitl". Pero los dioses no me abandonaron; el pacto era real. Me concedieron una segunda oportunidad, no por piedad, sino por equilibrio. Desperté gritando hace unos días, justo a tiempo para revivir el inicio de mi caída. Pero esta vez, no había lágrimas ni súplicas. Solo un vacío helado y una determinación dura como la obsidiana. "Mi Emperador", dije ahora, mi voz sorprendentemente calmada, sin rastro de la emoción que me consumía. Levanté la vista y lo miré directamente a los ojos. Itzcóatl se desconcertó, esperando histeria. "¿No tienes nada que decir, mujer? ¿Ninguna súplica a tus dioses falsos?". Su arrogancia era palpable. Citlali se aferró a su brazo, su preocupación fingida. "Mi señor, no seas tan duro con ella", dijo con voz melosa, "Quizás cree en esas viejas historias; no es su culpa ser tan ignorante". Sus palabras, veneno envuelto en miel, antes me enfurecían. Ahora, las recibí con una serenidad que los descolocó. Hice una reverencia profunda, una sumisión que contradecía la tormenta en mi interior. "La sabiduría del Emperador es tan vasta como el cielo", dije, con sinceridad vacía. "Si mi presencia y mi linaje son una farsa, entonces no soy digna de estar a su lado". El silencio en el salón fue absoluto. "Me retiraré a mis aposentos y esperaré el juicio del Emperador", continué. Itzcóatl frunció el ceño; mi sumisión lo desarmaba. "¡Vete!", espetó, "¡No quiero volver a ver tu rostro!". Caminé hacia la salida, mi mirada se cruzó con Cuauhtémoc, el líder de los guerreros águila, él creía en el pacto. Mientras pasaba, Citlali soltó una risita cristalina, y él la rodeó con sus brazos, su adoración ciega. La escena quemaba en mi memoria, una réplica exacta del pasado. Pero esta vez, el dolor no me paralizó, alimentó la llama fría en mi pecho. Los dejé en su nido de amor y ambición. No volvería a suplicar. Esta vez, simplemente me haría a un lado. Y observaría cómo el imperio, cuya prosperidad dependía de mi sangre, se desmoronaba hasta convertirse en polvo. Y él, el gran Emperador Itzcóatl, se arrastraría sobre esas cenizas, suplicando por la farsa que ahora repudiaba. Esa era mi nueva meta, mi única razón para esta segunda vida. No buscaría venganza activa, solo dejaría que la verdad se revelara a través de la hambruna, la sequía y la desesperación. Mi venganza sería la propia caída de Itzcóatl.”
1 Introducción2 Capítulo 13 Capítulo 24 Capítulo 35 Capítulo 46 Capítulo 57 Capítulo 68 Capítulo 79 Capítulo 8