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Mi Dolor, Su Fortuna

Capítulo 3 

Palabras:591    |    Actualizado en: 08/07/2025

y el corazón hecho peda

pensar co

a se repetían en mi mente una y otra vez,

on furia, aceleran

s, pero yo era parte

de lujo se me cerró si

de g

moto derraparon en el as

a

aron contra el pavimento, y un dolor agudo me r

coche de lujo b

Alej

oció al

da y burlona se d

," dijo, su voz goteando desprecio. "

ajó del

preguntó si

la ventana trasera, con su rel

ue nos espiaba en la

soltó una

ncompetente. Deberías tener más cuidado

sumó a mi dolor

ando. La sangre me escurrí

le dije, con la voz

ó él, encogiéndose de hombros. "Un pobre

lular de Alejandro so

voz d

ás? Ya pedí la comida

gre se

amo

le d

andro, sin dejar de mirarme con burla. "Un reparti

de Sofía al otro

sando problemas. No te tarde

lg

era preg

e im

jándome ahí, tirado, sangrando, con el

o. El manubrio

o sonó. Er

coche de lujo acaba de llamar para quejarse.

es cierto

edido. Y te voy a descontar el costo de la entr

lg

ped

ri

ill

l lapso d

sin importarme la gente

a insoportable, pero el d

pital. No tenía

barata y compré a

e sucio y yo mismo m

ro cada punzada de dolor físico era u

ezclaba con el desinfec

e iba a q

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Mi Dolor, Su Fortuna
Mi Dolor, Su Fortuna
“Mi vieja motocicleta tosía con cada entrega, cada centavo iba para María, mi hija, que luchaba contra una enfermedad cardíaca. Los médicos hablaban de una cirugía costosa, una fortuna que yo, Ricardo, un simple repartidor en la bulliciosa Ciudad de México, jamás podría reunir. Mi esposa, Sofía, lloraba conmigo por las noches, repitiendo: "No tenemos dinero, Ricardo. No sé qué vamos a hacer" . Yo le creía, vivía por ellas, sacrificando cada comida, cada descanso. Hasta que un día, una entrega me llevó a Polanco, a un hotel de lujo donde el aire huele a dinero. Ahí, desde las sombras, la vi bajar de un Mercedes reluciente, con un vestido rojo que no reconocí. Era Sofía, mi Sofía, la que en casa decía no tener ni para un café. Y no estaba sola: un hombre elegante, Alejandro, su exnovio, la besó. Luego, la llevó a una joyería de lujo, donde sonreía de una manera que jamás me dedicó. Vi cómo le compraba un reloj de doscientos cincuenta mil pesos a la hija de él, Camila. Esa cifra me heló la sangre: la mitad de lo que costaba la vida de mi María. Mi mundo se desmoronó, mi realidad se hizo trizas. Todo había sido una farsa, una mentira cruel y gigante que se reía en mi cara. Mientras mi hija luchaba en un hospital, su madre gastaba una fortuna en caprichos ajenos. La rabia me ahogaba, una traición tan profunda que me destrozó el alma. Y justo en ese instante, el destino me dio otra bofetada. Alejandro, mientras yo yacía herido en el asfalto por su culpa, me humilló y llamó a Sofía, quien se rio de mi desgracia. Cuando mi jefe me despidió por la queja de ese imbécil, lo supe: esto no se quedaría así. Mi hija me miró con esos ojos inocentes, me consoló, sin saber la magnitud de la podredumbre que nos rodeaba. Pero cuando vio la foto de su madre con su "nueva familia" en Six Flags, su pequeño corazón no lo soportó y colapsó. Y mientras ella tosía con desesperación, susurró la pregunta que me rompió en mil pedazos: "¿Mamá ya no nos quiere?" . Esa pregunta, te lo juro, encendió en mí la llama de una venganza que nadie podrá apagar. "Vístete, María" , le dije con una calma terrorífica. "Vamos a buscarla. Vamos a conseguir una respuesta" .”
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