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Mi Dolor, Su Fortuna

Capítulo 1 

Palabras:646    |    Actualizado en: 08/07/2025

de reparto tosía como un enferm

iudad de México, el sol que pegaba duro sobre el a

ces hasta triple, cualquier

eña María, estab

que necesitaba una cirugía que costaba una fortun

, lloraba conmig

ecía, con la cara escondida en la al

e cr

medicinas de María, en las consultas,

donde las paredes delgadas dejaban escuchar las peleas de

a de esas zonas donde el aire parece más limp

Lux Hotel, un edificio que br

hacia la recepción principal, solo para asegur

onces

e un Mercedes-Benz

su cuerpo y unos tacones que sonaban com

So

Sof

sto un pants viejo y se había quejado

escondido detrá

latir tan fuerte com

ía ser

lo

e costaba más que mi motocicleta, l

ntro del hotel, una de esas tiendas donde los precios no s

n el estómago

ntiéndome sucio y fuera de l

, Sofía

nsada y triste que m

sa brillante,

foto vieja como Alejandro, su exnovio, le mos

la hija de él, sa

crédito de su bolso, una t

, con una voz clara y segura q

r hizo una

ña etiqueta que quitó an

cincuenta

os cincu

costaba la cirugí

pricho para la hi

uelo se abría

a una m

a, sus quejas,

a gigantes

reloj en la muñeca a esa niña, la i

en una cama de hospital,

icho mirándome a los ojos: "

r la garganta, tan a

ofunda, tan dolorosa, q

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Mi Dolor, Su Fortuna
Mi Dolor, Su Fortuna
“Mi vieja motocicleta tosía con cada entrega, cada centavo iba para María, mi hija, que luchaba contra una enfermedad cardíaca. Los médicos hablaban de una cirugía costosa, una fortuna que yo, Ricardo, un simple repartidor en la bulliciosa Ciudad de México, jamás podría reunir. Mi esposa, Sofía, lloraba conmigo por las noches, repitiendo: "No tenemos dinero, Ricardo. No sé qué vamos a hacer" . Yo le creía, vivía por ellas, sacrificando cada comida, cada descanso. Hasta que un día, una entrega me llevó a Polanco, a un hotel de lujo donde el aire huele a dinero. Ahí, desde las sombras, la vi bajar de un Mercedes reluciente, con un vestido rojo que no reconocí. Era Sofía, mi Sofía, la que en casa decía no tener ni para un café. Y no estaba sola: un hombre elegante, Alejandro, su exnovio, la besó. Luego, la llevó a una joyería de lujo, donde sonreía de una manera que jamás me dedicó. Vi cómo le compraba un reloj de doscientos cincuenta mil pesos a la hija de él, Camila. Esa cifra me heló la sangre: la mitad de lo que costaba la vida de mi María. Mi mundo se desmoronó, mi realidad se hizo trizas. Todo había sido una farsa, una mentira cruel y gigante que se reía en mi cara. Mientras mi hija luchaba en un hospital, su madre gastaba una fortuna en caprichos ajenos. La rabia me ahogaba, una traición tan profunda que me destrozó el alma. Y justo en ese instante, el destino me dio otra bofetada. Alejandro, mientras yo yacía herido en el asfalto por su culpa, me humilló y llamó a Sofía, quien se rio de mi desgracia. Cuando mi jefe me despidió por la queja de ese imbécil, lo supe: esto no se quedaría así. Mi hija me miró con esos ojos inocentes, me consoló, sin saber la magnitud de la podredumbre que nos rodeaba. Pero cuando vio la foto de su madre con su "nueva familia" en Six Flags, su pequeño corazón no lo soportó y colapsó. Y mientras ella tosía con desesperación, susurró la pregunta que me rompió en mil pedazos: "¿Mamá ya no nos quiere?" . Esa pregunta, te lo juro, encendió en mí la llama de una venganza que nadie podrá apagar. "Vístete, María" , le dije con una calma terrorífica. "Vamos a buscarla. Vamos a conseguir una respuesta" .”
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