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El Último Adiós de Amor

Capítulo 4 

Palabras:887    |    Actualizado en: 08/07/2025

, pero la fragilidad seguía ahí, en la palidez de su piel y en

aricaturas, se giró hacia Xim

o ver

le encogió

e está ocupa

ofía, con un temblor en la vo

ó, odiándose por la mentira

maré, m

rprendentemente, él sonaba menos agresivo, casi concil

dad que sonaba falsa. "De hecho, pensaba ir pronto

una punzada de

sorp

í. Solo dile que su papá no se ha ol

a, una forma de calmar las aguas, pero cuando le dio el mensaje a Sofía

iluminaron como no lo

va a venir? ¿Y me t

ijo, m

aplaudiendo con sus manitas d

fía era una cosa h

del piano todo el tiempo, dibujaba pianos, le contaba a la enfermera que

una mezcla de alegría por verla tan animada y u

o, Ricardo se

Un fin de semana en la playa. Un día de campo con Pedrito montan

iesta continua, mientras X

vo, y el dinero que Ricardo había enviado desp

y vendió la única joya de valor que tenía: una del

anzó para una semana

cumpleaños de Sof

el corazón. ¿Quizás, solo q

iento, la dejé en el cajón de la cómoda. Susana la

Sofía?". Ni una me

Ricardo", dijo Ximena, l

eaños para ella. Oye, ¿me h

vendrías. Le promet

o oír la voz de Pedrito de

a. "Surgió un imprevisto con Pedrito, tiene un torneo de f

os de tu hija n

dije que iré después. Y la so

staló en el pe

qué h

e compré a Pedrito la nueva consola de videojuegos que tanto q

ó que el air

orpresa. Nunca

ara P

rol. "¡Un monstruo egoísta y cruel! ¡Le diste esperan

lpa es tuya por hacerle creer esas fant

ió a la llamada, la voz ch

¡Solo sabes pedir dinero y quejarte! ¡Si tu

, bruja!", e

dramas, Ximena. Harto. Si no te gusta, si tanto te

biera aterrorizado, ahora

mirando la puerta de l

calma que lo sorpren

el tel

en medio de la

habitación se

de unicornios, sus ojos llenos de

scuchad

con la voz rota

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El Último Adiós de Amor
El Último Adiós de Amor
“Ximena, con manos ásperas de cloro, apenas estiraba el dinero para los medicamentos de su pequeña Sofía, de solo ocho años, consumida por una enfermedad cruel. Pero un día, Sofía le mostró un video: una niña tocando un piano blanco, y sus ojos se llenaron de un deseo inocente: "Yo quiero uno de esos". La respuesta de Ricardo, el padre de Sofía y su esposo ausente, fue un frío eco al otro lado del teléfono: "¿Un piano? ¿Estás loca? Apenas me alcanza para Susana y Pedrito, ellos lo perdieron todo". Luego, lo vio. No en sus peores pesadillas, sino en un centro comercial de lujo, riendo y derrochando con esa "otra familia" que él había elegido. ¿Cómo era posible? ¿Cómo podía el padre de su hija, el hombre que una vez prometió amar y proteger, ser tan cruel, tan ajeno al sufrimiento de su propia sangre? La dulzura de Sofía, preguntando "¿Papá ya no me quiere?", mientras se aferraba a ella en la oscuridad, encendió una llama fría en el corazón de Ximena: ya no rogaría más, si Ricardo había elegido su lado, ella también elegiría el suyo: Sofía.”
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