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Un Futuro Escrito con Amor

Capítulo 1 

Palabras:736    |    Actualizado en: 08/07/2025

l plástico barato se sentía fuera de lugar contra la seda

verso de caoba, piel y susurros de po

con sueños demasiado grandes para su cartera. Su trabajo c

a matriarca Elena Solís, ha

ado a su oficina, un santuari

la vista de unos papeles. "Eres un

, señora

ntinuó Elena, ahora sí, clavando sus ojos fríos en

raba todo el bufete. Un hombre alto, impecablemente vestido, con una mirada que parecía atravesar a la

a, lo ancla a la tierra," sentenció Elena. "Ricardo solo piensa en el

ir con fuerza. No entendía a dón

bes cuál es tu lugar y tienes ambición. Por eso t

¿Asistente personal del señor Solí

z se volvió seda afilada. "Tu verdadero trabajo no ser

miró, c

gas que te vea como mujer. Tienes seis meses p

de Sofía casi

ra, y

ido, un sueldo que ni te imaginas. Si no lo logras," su sonrisa desapareció, "tu contrato de pasantía no s

Una orden envuel

cidad para ayudar a su familia, todo pendía de un hilo.

," susurró, la vo

r despedida. "Puedes empezar mañana. Él ya está avisado

reflejo de un cristal. Una chica sencilla, sin lujos, sin un apellido i

ina de Ricardo. Él estaba de espaldas, hablando por teléfono. Llevaba u

s la escanearon de arriba abajo con u

," dijo, su voz era

ís. Soy su nue

es mis reuniones de la tarde y que prepares el resumen d

ni una palabra de bie

jo a la perfección. Le llevó un café, exact

o, diciendo en voz baja

iquiera

n apartar los ojos de la

ferencia, era un muro de hielo. Se dio cuenta de que la tarea

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Un Futuro Escrito con Amor
Un Futuro Escrito con Amor
“Conocí a Ricardo Solís por primera vez como una humilde pasante en el prestigioso "Bufete Solís". Nunca imaginé que mi destino se entrelazaría con el suyo de la forma más retorcida. La abuela de Ricardo, Elena Solís, la matriarca del bufete, me hizo una propuesta que no pude rechazar: ascender a asistente personal de su nieto, con la condición de seducirlo y que se casara conmigo en seis meses, o perdería todo. Intenté de todo para llamar su atención, pero él era un témpano de hielo. Hasta que, bajo la presión de Elena, me vi obligada a recurrir a un acto desesperado: drogar a Ricardo en una gala. La noche siguiente, me desperté sola en una suite de hotel, con un fajo de billetes y una nota de Elena confirmando que "mi puesto estaba seguro". Pero la mirada de Ricardo al día siguiente, ni enfadada ni fría, sino extrañamente intrigada, me hizo comprender que él sabía. La cruda verdad es que no sólo no me despidió, sino que empezó a acercarse a mí. Pronto, me enamoré perdidamente del hombre al que había engañado. Pero mi felicidad duró poco. Elena me recordó mi lugar: yo era un "medio para un fin". Y el fin llegó en la siguiente gala de la empresa, cuando Elena anunció el compromiso de Ricardo con otra mujer. Destrozada, huí de esa vida y de esa ciudad, llevándome el "bono" de Elena y una verdad impactante. Sola en un pueblo costero, me enfrenté a la realidad. No era un ascenso; era una prueba de embarazo con dos líneas. Cinco años después, mi hijo, Leo, la viva imagen de su padre, crecía feliz en "El Refugio de las Palabras", mi pequeña librería. Nuestro mundo idílico se vino abajo cuando Ricardo Solís apareció en la puerta de mi tienda. La conversación que siguió en la playa reveló verdades impactantes. La frialdad de Ricardo, el "accidente" de las pastillas, su conocimiento del engaño... todo fue parte de su propio y desesperado plan para escapar del control de su abuela. Cuando Elena llegó para reclamar a su "heredero", Ricardo, sin dudarlo, defendió nuestra familia. Se quedó, renunció a su carrera, construyó una nueva vida para nosotros. Y mientras caminábamos por la playa, Leo correteando delante de nosotros, me preguntó: "¿Te casarías conmigo?"”
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