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Amor Roto, Venganza Fría

Capítulo 4 

Palabras:824    |    Actualizado en: 08/07/2025

lmente y se paseaba por los pasillos como si fuera la dueña, lo cual, supongo, ahora lo era. Colocó a su propia gente en el personal, doncellas y guardias que me segu

álbum de fotos, uno que contenía las pocas fotos que tenía de mi madre. Murió cuando yo era muy joven, y este á

s susurraban sobre la alfombra persa. Se detuvo

preguntó, su tono

ndí bruscamente,

ceridad. Extendió la mano, sus uñas rojas y largas

do el álbum de su a

casa, nada es privado, querida. Todo le pertenece a Alej

ató el álbum de las manos. Mi cora

ando manchas en las viejas fotografías. "Qué conmovedor. Una niña huérfana. No es d

ido. La ira, caliente y cegadora, surgió dentr

o a mí de nuevo. Una expresión de puro desprecio cruzó su rostro. Sin previo aviso, arrancó la

Luego, con una calma aterradora, rompió la fotografía en dos, lue

o con tanta fuerza se desvaneció. Me abalancé sobre ella, no pensando, solo sintiendo. La empujé con toda mi fuerza contra una estantería. Los lib

resa que de dolor. "¡Es

poder salvaje y satisfactorio. La tenía donde quería, vulnerable y

ora, Camila?" siseé,

atrales y fuertes. "¡Alejandro! ¡A

o entró. Su rostro era una máscara de furia. Vio la escena: yo encima de Camila, que e

pasó. No esperó

Mi cabeza golpeó el borde de una mesa de madera con un golpe sordo y doloroso. Un estallido de luz blanca

forma desplomada, mientras corría a ayudar a Camila

la, escondiendo su rostro en su pecho.

había ira, ni decepción. Solo un vacío frío y calculador. Era la

r, los bordes de mi visión se oscurecieron. Lo último que vi antes de que la oscuridad me tragara por com

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Amor Roto, Venganza Fría
Amor Roto, Venganza Fría
“Las luces del gran salón me bañaban, pero su calor no me alcanzaba. Alejandro, el hombre que controlaba mi mundo, me soltó la mano en medio de la pista de baile, dejándome varada en el centro de todas las miradas. Luego, apareció ella: Camila. Una versión más joven y brillante de mí, el "original" que Alejandro siempre había querido. De ser su reina, me convertí en un prototipo desechable, una humillación pública que se selló cuando él la condujo de nuevo a mi pista, en mi lugar. Fui arrastrada a una celda, acusada de un crimen que no cometí. Incluso la muerte se cebó con mi última esperanza cuando Alejandro, el hombre que decía amarme, asesinó a mis padres en un acto de venganza demencial. ¿Cómo pudo ese amor convertirse en tal monstruosidad? ¿Era yo solo una suplente, un ensayo para su verdadero deseo? Pero en el fondo de ese abismo, un fuego se encendió. La desesperación se transformó en pura rabia, en una promesa helada. El juego no había terminado. Ahora, viviría para verlo arder. Y no, no estoy sola en esto.”
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