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El Precio de la Falsa Heredera

Capítulo 4 

Palabras:756    |    Actualizado en: 08/07/2025

mano en mi brazo. Era Don Ricardo. Me apartó un poco de los de

queta. "Toma esto. Es una tarjeta con acceso a una cuenta. Hay suficiente para que compres tu propio

de amor puro, un intento desesperado por aliviar su

e, lo usaba para acusarme de ladrona, de aprovecharme de la bondad de Don

azón, saqué la tarjeta de m

Si lo hago, Sofía nunca dejará de atormentarme. Dirá que te estoy robando. Esto

dió. Mi rechazo no era un rechazo a su amor, sino un movimien

ros, hija," susurró, abrazándom

ofía en la puerta de la gran casa, con mi trofeo en

omo lo había previsto, S

la donde Doña Elena llo

ndo el trofeo. "¡Se lo iba a robar! ¡Junto con todas las joyas y la ropa ca

ista, sus ojos enrojeci

onfirmación de que ella, la hija verdadera, había

más perceptiva de

Ese trofeo lo ganó Ximena esta misma tarde. Ni siquiera tuvo tie

ta de Doña Elena golpeó

..." tartamudeó, s

vantándose. "Yo misma le regalé cada una de esas cosas.

e quitó el trofeo de

ndo esto," dijo, mirando el trofeo con tristeza. "Una pe

repisa de la chimenea

se había desmoronado por completo. Había subestimado la in

rostro. No podía oír la conversación, pero podía imaginarla.

o, sí, pero limpio y ordenado. La casa era pequeña, pero acogedora

ación. Era el cuarto de Pedro, quien había insistido en mu

i madre biológica, María, con

respondí, y l

riga, podía respirar. Podía p

quí, desde la humildad de mis raíces, iba a reclamar todo lo que era mí

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El Precio de la Falsa Heredera
El Precio de la Falsa Heredera
“Tuve un sueño, tan real que el sudor frío me despertó en mitad de la noche. En él, yo, Ximena, la promesa de la charrería, veía cómo mi vida perfecta se desmoronaba. Una impostora, Sofía, la "verdadera heredera" que había ocupado mi lugar, aparecía para reclamar lo que creía suyo. Llegó menudita y frágil, llorando una historia desgarradora de privaciones, presentándose ante mis padres adoptivos, Don Ricardo y Doña Elena, a quienes creí míos por veinte años. Ellos la acogían con los brazos abiertos, culpables y conmocionados. Y entonces, mi realidad se convirtió en una pesadilla controlada. Sofía saboteaba mi despertador, me ofrecía un "licuado" que me provocaba un dolor terrible, y manipulaba mi montura para mi humillación pública. Caía estrepitosamente de mi caballo frente a toda la comunidad, mientras ella, la víctima, se convertía en heroína. Lo perdía todo. Mi honor, mi futuro. Me desperté con el corazón latiéndome a mil, la imagen de mi caída grabada en la mente. El sueño se sentía como una advertencia, una premonición escalofriante. Justo en ese instante, el teléfono sonó. Era Don Ricardo. "Ximena, hija, baja por favor. Tenemos que hablar de algo importante." Mi corazón dio un vuelco. Sabía lo que venía. El sueño no era solo un sueño. Ella estaba aquí. Pero esta vez, el resultado no sería el mismo. Yo tenía una ventaja que ella no conocía. Y no iba a desperdiciarla.”
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