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Mi Hermana, Mi Venganza, Mi Destino

Capítulo 4 

Palabras:798    |    Actualizado en: 08/07/2025

ces. El aire de la noche era frío, pero no tanto como el vacío en mi pecho. Me detuve frente a la pequeña iglesia dond

ticia por ti, Sof

rayecto, la ciudad pasaba borrosa por la ventana. Las luces, los sonidos, la gente, todo parecía pa

ciudad hacia la oscuridad del campo. El camino se volvió de tierra y el coche se sacudía con violencia. A lo lejos, la sil

ra. Doña Isabella estaba allí, esperándome, envuelta en

"Entrarás a la capilla. Recitarás las oraciones que están en el altar. No pu

n decir un

lado, con una sonris

que cantes para los fantasmas.

rrar esa sonrisa de su cara a golpes, pero me co

cardo. Preocúpate por ti" ,

vaciló por

un viejo candelabro con

detrás de ti. Nos vem

sa y fría. El olor a humedad, a polvo y a algo más, algo parecido a la descomposición, llenó mis pulmones. La puerta se cerró a

tamente sola en el

o. Las paredes estaban cubiertas de telarañas y manchas de humedad. El suelo de piedra estaba irregular

os restos de candelabros de hierro. Había bancos de madera carcomidos y un altar de

en las paredes. Abrí el libro. Las páginas estaban amarillentas y las letras eran de una caligrafía an

la casa Mendoza, por su

rro del viento afuera. Mi piel se erizó. La sensación de ser observada era abrumadora. Sabía

asma. No era una maldición. Era algo mucho más tangible, algo que había pasado por alto en todos mis años de investigación. El pan. El famoso "pan de muerto"

garganta, un grito de

a los oídos que sabía que me escuchaban desde afuera. "¡N

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Mi Hermana, Mi Venganza, Mi Destino
Mi Hermana, Mi Venganza, Mi Destino
“Mi nombre es Elena, una mariachi humilde. Mi vida dio un giro de 180 grados cuando mi hermana mayor, Sofía, la más dulce y sencilla de nosotras, se convirtió en la octava prometida del primogénito de la poderosa familia Mendoza, y desapareció para siempre. La prensa, comprada por el dinero de los Mendoza, declaró su muerte como "suicidio por estrés", un destino que también les tocó a las siete prometidas anteriores. Los Mendoza, intocables, se salieron con la suya y mi propio padre, un humilde panadero, fue amenazado y silenciado, negándose a vengar el honor de mi Sofía. En ese momento, yo era una inocente estudiante de música, pero el asesinato de mi hermana despertó en mí una sed de venganza incontrolable. Abandoné mis sueños de música, me matriculé en criminología forense y, durante ocho largos años, me preparé meticulosamente para convertirme en la novena prometida de los Mendoza. Ahora, disfrazada de mariachi, he regresado, dispuesta a desenmascarar a esta familia y cobrar la deuda de sangre de Sofía.”
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