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Las Cenizas de un Amor Prohibido

Capítulo 2 

Palabras:656    |    Actualizado en: 08/07/2025

a daba vueltas, tratando de procesar la magnitud de la traición. No era solo el hecho de que m

tó Mateo, su voz todavía temblo

n más fuerza que cualquier puñetaz

ce por el dinero, tonto. Lo hice para demostrar un punto. Para que El Chacal viera que soy yo quien ti

entos

había construido. Menos de lo que costaba una cena decente. La humillación era un

tención se agudizó de nuevo. "¿Qué hay de los otros

alto. Quiero que lo acosen, que lo persigan, que no tenga un momento de paz. Quiero que su reputación quede hecha pe

campaña de destrucción. Diseñada por l

teger sus intereses, por limpiar los desastres de Mateo. Una vieja cicatriz en mi costado, de una navaja que iba dirigida a su hermanastro,

e, Ricardo. M

Todo era

de mi viejo amigo y ent

icardo. Tiene ojos de ambición, n

ras, me distancié de él, el único hombre que siempre había sido leal. Y

ue sali

ción. Si me veían, Sofía improvisaría una nueva mentira, me enredaría e

staba. Me sentía viejo, cansado. El peleador invencible, la leyenda del

s pasos eran silenciosos sobre la alfombra. Y

ría un pe

salvaje. Uno que aprendería a sobrevivir en las calles y

iré hacia atrás. No tenía nada que mirar. Todo lo que creía mío, tod

la rabia que ardía en mi pecho e

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Las Cenizas de un Amor Prohibido
Las Cenizas de un Amor Prohibido
“Mi vida era un puñetazo directo al éxito. Ricardo "El Halcón" Ramírez, el exboxeador legendario de los barrios, había dejado atrás el ring pero no los negocios, acumulando fortuna y una prometida: Sofía. Todo se vino abajo con una llamada anónima, un susurro nervioso del Flaco: "Alguien vendió su información, sus rutinas, sus casas de seguridad... a los cárteles rivales". El frío me recorrió la espalda, no por el aire, sino por la traición. Y luego, el golpe final: escuché su voz, la de Sofía, la mujer que amaba, riéndose con su hermanastro Mateo, admitiendo que ella misma me había vendido. ¿El precio? Doscientos pesos. Menos que una cena. Mi vida, mi honor, reducido a eso. ¿Cómo pudo? ¿La mujer por la que dejé a mi viejo entrenador, por la que fui ciego, sordo y estúpido de amor? ¿Ella me había vendido como a un perro? El dolor era insoportable, pero la rabia, ah, la rabia era un fuego purificador. Ahora era un fantasma, muerto para el mundo, pero con una misión clara: no sería un perro, sino un lobo. Y volvería a morder la mano que me desechó. Que el show apenas comenzara.”
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