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Amor y Traición en la Cocina

Capítulo 2 

Palabras:734    |    Actualizado en: 08/07/2025

tería de moda en Polanco, elegida por Valentina, por supuesto. El lugar era

simples jeans y una blusa blanca. Se

una camisa de diseñador desabrochada justo lo necesario. Ella, con un vestido llamativo

ntina a su teléfono. "Apoyando a mi rey en sus nue

te a Sofía, con una

uy triste", dijo en voz alta, para

u rostro tranqui

con esto, Pedro", re

esperaba lágrimas, reproches. Quería u

sacando unos papeles y una pluma de su portaf

idícula, una fracción insultante de lo que

dijo con falsa magnanimidad. "Par

ara en el cheque y lueg

mor! Siempre tan conside

culada. Sofía sintió la ira subir por su garganta, pero la contuvo. Respiró hondo, recordan

u falta de reacción, d

alentina, la miró

y de mi corazón. Aquí, frente a todos, quie

odo estaba planeado. La gente aplaudió. Ella extendió la mano, mos

de besarlo apasionadamente mientras su otra mano so

o en su rostro. "¡Qué descaro!", pensó Sofía, pero en lugar de sentirse herida, sint

culo terminó, Sof

tan neutra que los descolocó. "Fi

ceja. "¿Ahora pon

A cambio, tú y tu empresa no podrán usar nunca más ninguna de mis recetas, ni mi ap

se miraron y solta

r, Sofía. Puedo contratar a diez chefs que

s eran secundarias.

ofía. "Solo quiero

re la mesa, con la pantalla hacia abajo. Había e

tidad como finiquito total y tú te comprometes a no usar mi propiedad

Pedro, impaciente por termi

Tenía su arrogancia grabada. Firmó los pape

es", dijo, y se mar

ra apenas comenzaba. Y Sofía, con su grabación y su receta secreta, acababa de

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Amor y Traición en la Cocina
Amor y Traición en la Cocina
“Sofía Morales miraba a Pedro alejarse, fingiendo lágrimas que no existían. Por dentro, solo un frío y tranquilo silencio. El show había terminado. "Ya no llores, mi vida", había dicho él, esa voz condescendiente que ahora le revolvía el estómago. Luego, en "El Rey del Taco", Valentina Castillo apareció. Un beso largo, para la cámara. "¡Felicidades a la nueva pareja!" Pedro la miró sobre la multitud, sin culpa, solo fría diversión. Esa noche, la verdad fue cruda y brutal. "¿De verdad pensaste que esto era para siempre, Sofía? El negocio es mío." "¿Y mi trabajo? ¿Mi dinero? Mis recetas...", susurró ella. "Tú fuiste muy ingenua al no firmar ningún papel. Creíste en el amor y esas tonterías. Error tuyo." La dejó allí, humillada, con el olor a grasa fría y traición. ¡Ingenua! ¡Sí, lo había sido! Pero la Sofía que Pedro creía conocer, la chica dulce y enamoradiza, había muerto en ese puesto. En su mano, un cuaderno gastado. La receta de la abuela Elena. El mole prehispánico. Su fuerza. Pedro se quedó con el cascarón. Ella, con el alma. No lloraría por él. Iba a construir su propio imperio. Y lo haría sobre las ruinas del de él. La venganza se serviría en un taco. Y el suyo llevaría el sabor de un mole ancestral.”
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