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El Último Aliento de Sofía

Capítulo 4 

Palabras:862    |    Actualizado en: 08/07/2025

za redoblada. Me agarró de nuevo por el brazo y me arrastró fuera del despac

querer cooperar", dijo Ricardo, arroj

on cada movimiento. Me sentía

on en la chimenea. Sobre la repisa, había un pequeño objeto de jade, un colgante en forma de dos peces entrelazados que mi madre me h

a la chimenea, tomó el colgante de ja

samente suave. "Dijiste que era para

ntentando ponerme de pie. "

ning, y cuando abrió la mano, el hermoso jade verde estaba hecho

se pequeño objeto se sintió como si me hubieran apuñalado el

con regocijo. "Y ahora vamos a limpiar esta c

ecto siniestro, vestido con túnicas oscuras. Era "El Gurú del D

dijo con una reverencia exagerad

raído la desgracia a mi casa. Creemos

queó, lo cual me provocó una arcada de asco. Luego, sacó un

Una energía de engaño y malevolencia. Ha estado practicando magia negra para ata

me habría reído. Pero viendo la cara seria y

están pagando para q

ó una mano al

la, Ricardo, está tratando de hacerm

cia mí, con los ojos

ió. "¡Confiesa qu

é, la desesperación

a!", orden

os brazos, presionándome contra el suelo. Luché, pero estaba débil y superada en número. El "Gurú" sacó un pa

oz era una amenaza mortal. "Firma y adm

ir", respondí

eció. Se inclinó hasta que su

hombres vigilando su pequeño estudio de arte. Una palabra mía, y puede tener un..

do por mí. No podía permitir que le hicieran daño por mi culpa. Era inocente. La

ificio. Miré el papel, la confesión de crímenes que no eran míos. Miré a Ricardo, al

ión esta

ije, con la voz va

n a arrodillarme sobre el suelo frío, con las sirvientas todavía sujetándome. Con la mano temblando, presioné mi pulga

siempre. La Sofía que una vez existió, la que amaba, la que soñaba, habí

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El Último Aliento de Sofía
El Último Aliento de Sofía
“"¡Señor Guzmán, por favor! ¡Son sus hijos!", supliqué, arrodillada en el frío suelo de mármol. Estaba a solo un mes de dar a luz a mis gemelos, los hijos de Ricardo Guzmán, el hombre que amaba. Pero a su lado, con una sonrisa venenosa, estaba Camila Pérez, su protegida y la famosa influencer del momento. "Sofía, nos estamos deshaciendo de un par de 'malas vibras'", dijo Ricardo, su voz fría como el metal. Estas palabras resonaron en mi cabeza, la superstición estúpida de un charlatán de redes sociales que estaba a punto de destruir mi mundo. Ricardo me había tildado de infiel y de bruja, manipulado por un "gurú" pagado por Camila. Me arrancaron a mis bebés por la fuerza, dos pequeños cuerpos que nunca tuvieron la oportunidad de respirar. "¡No! ¡No son malas vibras, son nuestros bebés!", grité, mientras me arrastraban. Después, me sometieron a la tortura física y psicológica, arrodillada sobre un cojín de espinas, sintiendo cada punzada. "¡Ella te lo confesó! ¡Ella lo planeó todo!", grité, rogando por su cordura. Pero él me empujó, y Camila, la verdadera manipuladora, apareció con una incipiente barriga de embarazada, declarando que esperaba al "verdadero heredero" de Ricardo. Mientras la agonía me consumía y la conciencia se desvanecía, sus risas brindando por el "éxito" y la eliminación de la "mala vibra" resonaron en mis oídos. Me golpearon, me humillaron, me arrancaron el colgante de jade, el último vínculo con mis hijos. Me obligaron a firmar una confesión falsa, amenazando la vida de mi único amigo, Diego. Con mi último aliento, me aferré a lo único que me quedaba: el nombre de Diego. Sofía Rodríguez exhaló su último aliento, sola, en una habitación llena de los fantasmas de lo que podría haber sido. Pero algo había cambiado en Ricardo. La culpa lo devoró al descubrir la verdad.”
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