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Cenizas de un Amor Muerto

Capítulo 2 

Palabras:599    |    Actualizado en: 08/07/2025

caporal de la hacienda de los De la Vega, la familia de Alej

sudoroso, y sus ojos des

de Dios! ¿No has esc

labor, mis dedos moviéndose con

. ¿Qué te trae por a

ro, pasándose una mano por

ron a Alejandro! ¡Unos bandidos lo emboscar

rando su mirada frenética con una c

volví a mi trenza. "¿Ya

do. Parecía que le hubier

horas en llegar y organizar una búsqueda! ¡Tú conoces esa sierra me

ran un eco exa

s me habían impulsado a la acción, me ha

lo sonaba

pondí, mi voz plana, sin

se apoderó del r

La vida de Alejandro está en peligro!

rta y seca que no t

decidió ir a cabalgar por el paso del Coyote, sabe q

su voz subiendo de tono, trat

te quiere! ¡Sé que estás enojada por alguna tontería, pero

a los ojos. "No tengo que hacer nada. Mi único deber es conmigo misma. A

stro, la confusión dando p

as. "Todos dicen que eres la mujer más valiente y leal de la

gí de h

quieras, Pancho

esperando que me derrumbara y saliera

ímetro, resopló con disgusto, se dio la

hé gritar a lo lejos. "¡Cuando le pa

la caballeriza, con el suave s

ul

n la vida anterior. Pagué con treinta

cuenta esta

arrepentimie

a calma

ra vez, había elegido mi propia

ucho mejor que cualqu

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Cenizas de un Amor Muerto
Cenizas de un Amor Muerto
“El polvo y el grito se mezclaron en un solo sonido que me rompió los tímpanos. El techo de nuestra casa, refugio de treinta años de un matrimonio miserable, se vino abajo. Extendí mis brazos, no por instinto, sino por una estúpida costumbre arraigada, para cubrir a Alejandro y a Mía. El peso del concreto me aplastó, cada hueso de mi cuerpo protestó antes de romperse. Pero lo último que vi no fue gratitud en sus ojos. Mía me miró con un odio que me heló el alma, incluso mientras la vida se me escapaba. "¡Te lo mereces! ¡Te lo mereces por separar a papá de la tía Elena!" Esa fue su última bendición para mí. Alejandro, mi esposo por tres décadas, ni siquiera me miró. Se arrastró de debajo de mis brazos rotos y corrió hacia su verdadera amada, Elena. "¡Elena! ¡Gracias a Dios que estás a salvo!" Él la abrazó con una desesperación que nunca me había mostrado a mí. Morí allí, bajo los escombros de mi hogar y de mi vida, escuchando sus sollozos de alivio por otra mujer. El dolor fue tan agudo, tan absoluto, que me arrancó el aliento. Y de repente, lo recuperé. Abrí los ojos de golpe, el corazón martilleando en mi pecho, y el sol brillante de la mañana me cegó. Estaba de pie, entera, en el patio de la hacienda de mis padres. Mis manos no eran las de una mujer de cincuenta años, maltratadas por el trabajo y el tiempo. Eran las manos fuertes y callosas de mis veinte, las manos de Sofía, la mejor charra de la región. Un calendario me gritó la fecha: Era el día en que todo había comenzado. El día en que Alejandro fue secuestrado por unos bandidos. En mi vida anterior, lo rescaté y me convertí en la heroína, firmando así mi sentencia a un infierno de indiferencia. Esta vez, mi teléfono sonó, el recuerdo de Mía y Alejandro tan vívido como el sol. Esta vez no. Esta vez no lo salvaría. Dejé que el teléfono sonara hasta que el buzón de voz se activó. El silencio fue la música más dulce que había escuchado en treinta años. La vida me había dado una segunda oportunidad, y no la iba a desperdiciar en el mismo hombre. Alejandro y Elena podían tenerse el uno al otro. Yo, Sofía, por fin iba a vivir para mí.”
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