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Mi Venganza, Su Prisión

Capítulo 1 

Palabras:743    |    Actualizado en: 07/07/2025

salvación pero que ahora mismo solo aumentaba la ansiedad en el pequeño aeropuerto im

za que me sorprendió. Su rostro, normalmente apue

irnos! ¡No puedo d

para que todos los demás

bligación de llevarlo de vuelta a salvo. Es mi p

lda a pesar del calor sofocante. La escena era idéntica, como una pesadilla

undo, interrumpiendo nuestra misión de ayuda médica. El avión de rescate enviado por el gobierno. Y Carlos, el supuesto primo de

ra una tonta. Una espo

", le había rogado. "Carlos llegará, pero no po

voluntarios, a los que había cuidado y prote

z goteando una falsa rectitud. "Pensé qu

perfecto, mientras el resto de nosotros sudábamos de pánico

tormenta para mí c

mientras los funcionarios de sal

de profunda preocupación. "Estuvo en conta

una habitación estéril. Me interrogaron, me pincharon, me trataron como a una plaga. Grité

e me creyó. Mis padres intentaron luchar por mí, pero Miguel, usando su encanto y su red de contactos,

ia, sino por una infección hospitalaria que mi cuerp

fortuna de mi familia. La fortuna que mis padres habían construido con tanto esfuerzo

opuerto infernal. Con el mismo avión rugiendo. Con el

laban ligeramente, se cerraron en puños. Miré a Miguel a los ojos, per

ranquila pero firme,

sorprendido por m

a espera

tros voluntarios, que me miraban con la misma confu

voy a arriesgar la vida de dieciocho personas por la vanidad de una mujer que

ón. Los rostros de los voluntarios pasaron de la confusión al shock. Miguel pa

sería una repetició

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Mi Venganza, Su Prisión
Mi Venganza, Su Prisión
“El rugido del avión de rescate sonaba como la salvación, pero para mí, Sofía, solo aumentaba la ansiedad en aquel sofocante aeropuerto improvisado. De repente, mi esposo, Miguel, me tomó del brazo con una fuerza inusual, su rostro contraído por la frustración mientras gritaba: "¡Sofía, no podemos irnos! ¡No puedo dejar a Carlos aquí!". Alegaba que Carlos era su primo, su responsabilidad, alguien que debía regresar a salvo. Escuché sus palabras, las mismas palabras que retumbaron en otra vida, y un escalofrío me recorrió: no era un sueño, había renacido. El recuerdo de mi vida anterior me golpeó como un maremoto: la epidemia, el avión gubernamental, y Carlos, supuestamente su primo, pero en realidad su amante, la misma que nos retrasó maquillándose para su "triunfal" regreso. En esa vida pasada, yo rogué, los otros voluntarios me acusaron de egoísta, y Miguel, con su falsa rectitud, me obligó a esperar con mentiras, llamándome egoísta. Esperamos. Carlos llegó, perfecto, y el avión partió, directo a mi perdición. Al aterrizar, Miguel me señaló y, con una falsa preocupación, dijo: "Ella tiene fiebre. Estuvo en contacto cercano con un paciente infectado ayer." ¡Era una mentira cruel y calculada! Fui aislada, interrogada, torturada psicológicamente por un sistema que creyó a mi "heroico" esposo. Morí sola, no por la enfermedad, sino por una infección hospitalaria, con mi cuerpo debilitado y mi espíritu roto. Mis padres, rotos de pena, fallecieron poco después, y Miguel, el "viudo afligido", heredó todo. Se casó con Carlos, y vivieron felices sobre mis cenizas y las de mis padres. Pero ahora estoy aquí, de nuevo en este infierno, con el mismo avión rugiendo y el mismo manipulador repitiendo sus mentiras. La rabia pura me invadió, mis puños se cerraron, y al mirar a Miguel, ya no vi al hombre que amaba, sino a mi asesino. "No," dije, mi voz tranquila pero firme, interrumpiéndolo. Miguel parpadeó, sorprendido. "¿No qué?" "No vamos a esperar, Miguel." Me sacudí su mano. Me giré hacia los atónitos voluntarios y proclamé, con mi voz resonando: "Carlos no es tu primo. Es tu amante. Y no voy a arriesgar la vida de dieciocho personas por la vanidad de una mujer que necesita una hora para ponerse rímel en medio de una evacuación de emergencia." El silencio fue absoluto, roto solo por el avión. Miguel palideció, su máscara se hizo añicos. Esta vida, pensé, no será una repetición. Será una venganza.”
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