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Un trago amargo de verdad

Capítulo 5 

Palabras:670    |    Actualizado en: 07/07/2025

descansaba sobre dos sillas en el centro de la habitación. Dentro, Juanito parecía

entraron y salieron, dando el pésame en susurros

nterpretando el papel de la madre desconsolada. Recibía los abraz

, su mano descansando sobre la mader

ito, un chico flaco llama

era el mejor. Con su talento, iba a lleg

ó una sonr

niño... le gustaba mu

sumía ella la pasión que consumía la vida de Juanito, el sueño por

léfono de Sofía v

nrisa fugaz, casi imperceptible, cruzó sus labios antes de q

excusándose

.. es mi tía,

trasera, hablando en

a. Sabía que no era su tía. Er

tana, Armando la vio gesticular, su expresión ya

escuchó decir en un susurro airado. "¡Tienes una pres

sintió u

etros de ella, y su única preocupac

utos después, su rostro una me

jo, sin mirarlo. "Surgió una e

e nuestro hijo", dijo Armando,

s de vida o muerte. Vuelvo

alió corriendo de la casa, sus taco

coche, el auto viejo que

ia y, al dar marcha atrá

de que los amigos de Armando habían comprado, aplastando los crisantemos bl

nte, que fue como si hubiera pasado la l

lejaba a toda velocidad, d

Los pocos vecinos que quedaban s

olo con

al ataúd y apoyó la

rdóname por haberte dado una madre

a en voz alta,

para tomar aire, pero en su lugar, un líquid

re roja y brillante salpicó

sangre,

e estuviera rindiendo, incapaz de

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Un trago amargo de verdad
Un trago amargo de verdad
“El aroma a sal y pescado en el muelle siempre había sido el perfume del trabajo duro para Armando, hasta el día en que se mezcló con el luto que el aire traía consigo. "Su hijo... no sobrevivió", le dijo la monótona voz del policía, y cada palabra fue un golpe seco, pero la realidad, la muerte de su Juanito, su campeón, aún no se asentaba en su mente. Con el teléfono temblándole en la mano, llamó a Sofía, su esposa, buscando compartir este dolor que amenazaba con partirlo en dos. Pero en lugar de la voz preocupada de una esposa, un estruendo de mariachi y risas le respondió: "¿Qué pasa con Juanito? ¿No te pagó lo de la semana o qué? Dile que mi primo necesita más promoción", dijo Sofía, irritada, y colgó. El pitido final fue más doloroso que cualquier golpe, pues mientras su único hijo yacía en la morgue, ella seguía en una fiesta, una fiesta para celebrar la carrera del primo Ricardo, financiada con las deudas por las que Juanito había muerto trabajando. ¿Cómo era posible tanta frialdad, tanta indiferencia? ¿Cómo la mujer que compartía su cama, la madre de su hijo, podía ser tan ajena a la tragedia, tan preocupada por un parásito que su propio hijo? Armando apretó el teléfono, sintiendo el crujir del plástico bajo sus dedos, y una certeza helada, más allá del dolor, se instaló en su pecho: el tiempo de la sumisión había terminado, y ahora, la verdad saldría a la luz.”
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