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Adiós, Infidelidad: Mi Felicidad Genuina

Capítulo 1 

Palabras:604    |    Actualizado en: 07/07/2025

en las paredes, un sonido que a Sofía le resultaba cada vez más ajeno. Estaba sentada en un rincón, con un vestido elegante que ella misma

Todos están celebrando el nuevo contrato

sposo, Mateo, en el centro de la habitación, rodeado de sus socios, todos hombres con trajes caros y sonrisas de superiorida

, un hombre regordete llamado Ric

ran Mateo. Aunque no entendamos de moda o de cosas de casa,

mo un accesorio bonito y nada más. Mateo sonrió, aceptando el halago como si fuera un

una respuesta, mucho menos una opinión. Luego, bajando la voz para que solo ella lo escuchara, pero con un tono cortante,

on fuerza. Recordó el pequeño taller en la escuela de diseño, el olor a tela y la emoción de crear, todo lo que había dejado atrás para apoyarlo a él, para coser de

e el verdadero futuro estaba en su empresa, que cuando tuvieran éxito, ella

se separó de ella, dirigiéndose

haría sin mí? Sería una diseñadora más, pasando hambre. Ahora

, se sentía expuesta, desnuda en medio de esa jauría de lobos. La estaban

ió. Levantó la vista, sus ojos, que habían estado apagados, ahora brillaban con una nueva luz, una det

susurro, pero cortó el ruido d

o el di

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Adiós, Infidelidad: Mi Felicidad Genuina
Adiós, Infidelidad: Mi Felicidad Genuina
“La música suave del restaurante ocultaba el ruido ensordecedor de las risas forzadas y los brindis en el palco privado, un sonido que a Sofía, sentada en un rincón con un vestido que se sentía como un disfraz, le resultaba cada vez más ajeno. El brindis de Ricardo, uno de los socios de su esposo Mateo, la golpeó como un balde de agua fría: "¡Un brindis por Sofía, la mujer detrás del gran Mateo! Aunque no entendamos de moda o de cosas de casa, ¡hay que admitir que mantiene a nuestro campeón contento!" Las carcajadas estallaron, ruidosas y condescendientes, un coro de hombres que la veían como un accesorio; y Mateo, con un aire de dueño, le susurró, bajando la voz: "Lástima que no terminaste la universidad, podrías entender de qué hablamos, en lugar de solo sonreír y asentir." Cada palabra fue una bofetada, una humillación calculada, seguida por su cruel monólogo a los demás: "¿Qué haría sin mí? Sería una diseñadora más, pasando hambre. Ahora es la esposa de Mateo Reyes, tiene todo lo que podría desear." La cuerda que la había mantenido atada a esa vida de humillaciones finalmente se rompió, y con una determinación fría y afilada, interrumpió su auto-felicitación con un susurro que cortó el ruido de la habitación como un cuchillo. "Quiero el divorcio." Mateo rompió en una carcajada estruendosa, seguido por el coro cruel de sus socios: "¿Y de qué vas a vivir? ¿De tus dibujitos?" Su esposo, con una sonrisa de desprecio, le espetó: "Tú no tienes nada. Todo lo que tienes, desde ese vestido que llevas puesto hasta el coche que manejas, es mío. Tú solo has sido un ama de casa. Una muy cara, por cierto." La aparición de Valeria, la nueva "asistente personal" de Mateo, sentada peligrosamente cerca, con la mano en su muslo y una sonrisa venenosa, fue la traición final, un golpe público que demostraba su reemplazo inminente. La rabia fría y la náusea la invadieron, pero en medio de la humillación, Sofía entendió: si el hombre que había prometido amar y proteger no la respetaba, ¿por qué lo harían los demás? Se levantó, sacó una carpeta azul cielo de su bolso de diseñador y la puso sobre la mesa con un suave golpe que resonó en el silencio sepulcral: "Lo preparé hace seis meses."”
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