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La Furia de Una Madre Herida

Capítulo 4 

Palabras:789    |    Actualizado en: 07/07/2025

a Arturo a mi estudio de nuev

tu familia se vayan de vacaciones por un par de

l sobre,

a, no e

a hacienda. No quiero que tú ni tu familia estén aquí cuando eso suceda. Vete, mantente a salvo. Y p

i rostro. Tomó el sobre, su

ona. Usted y el patr

Arturo. Ah

decir una palabra más

desayuno. Isabel ya estaba jugando en el

ormenta de nieve que anuncian los meteorólogos será la tapadera perfecta para ellos. Cuan

ando lo que le conté, asintió lentamente. El shoc

n prepararnos, Sofía?

con la

á demasiado tarde. Confía en mí. Necesitamos toma

café, su mirada

tienes e

a en un búnker. Reforzaremos la puerta, instalaremos un sistema de ventilación independiente y la abastecerem

como si hubiera

una locura. Costará una f

tanto, instalaremos persianas de acero en todas las ventanas y puertas del primer piso. Rodrigo, tú eres ingeniero. Sabes de sistemas, de seguridad. Necesito que di

ver la lucha en su rostro, la parte racional de él batallando

mano. "Por favor. Siento en mis huesos que esto

a fue el catalizador. Su

me encargo del búnker y la seguridad. Tú enc

ontratistas de seguridad y proveedores de materiales. Yo empecé a hacer mis propias llamadas, contactando a un equipo de con

egaban a la hacienda, llevé a Isabel al jardín. Me arrodill

ando de mantener mi voz ligera y alegre. "Es un juego

con sus grandes

se jueg

arto de juegos del sótano, ¿de acuerdo? Y una vez allí, tienes que esconderte en el armario y no hacer ni un solo ruido hasta qu

emente, tomando el

ré una maripo

su pequeño cuerpo era un recordatorio constante de lo que estaba en ju

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La Furia de Una Madre Herida
La Furia de Una Madre Herida
“El olor a humo y a carne quemada me arrancó de la oscuridad de golpe, un grito ahogado en mi garganta. Mi corazón martilleaba, pero no había llamas, solo el frío familiar de la hacienda. Abrí los ojos, estaba viva. Estaba en mi cama. Mi calendario de escritorio marcaba el día, el mismo día en que todo se fue al infierno. El eco de la explosión final, el fuego devorándolo todo, aún resonaba. Vi a Rodrigo, mi esposo, caer en la nieve y el cuerpecito sin vida de mi pequeña Isabel. "¿Mami?" la voz de Camila, mi hija adoptiva y su preocupación ensayada, la misma de siempre. Sentí un escalofrío y la recordé, esa misma cara que me miró con odio mientras su padre, el líder del culto, nos despojaba de todo. "Estaba pensando en mis papás biológicos" , dijo Camila con esa voz suave de serpiente. "Necesitan comida. Y cobijas. Tal vez algo de dinero. Tú tienes tanto, y a ellos les falta todo." Mi estómago se revolvió. Esos animales nos encerraron en un almacén helado. Vi a Bernardo, su padre biológico, sonriendo mientras sostenía el cuchillo sobre mi Isabel. El grito de Rodrigo. Mi propio grito. El olor a sangre mezclado con tierra húmeda. ¿Cómo podía ser tan egoísta? La criamos como a una reina. Le dimos un amor que creí incondicional, un amor nacido de la culpa por perder a mi primera hija. Y para ella éramos solo un banco, un recurso inagotable. "Claro que sí, mi amor" , dije, mi voz extrañamente tranquila. Vi el destello de triunfo en sus ojos. Me levanté de la cama, mi mente trabajando a toda velocidad. El plan ya se estaba formando, frío y afilado. "Prepara una lista de lo que crees que necesitan" , le dije, "Yo me encargo de que tengan todo. Absolutamente todo lo que se merecen." Esta vez, no seremos las víctimas. Esta vez, yo seré la depredadora.”
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