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Adiós, Jaula de Oro

Capítulo 4 

Palabras:618    |    Actualizado en: 07/07/2025

mi vientre se había vuelto insoportable. Me arrastré hasta el baño, y fue allí

, hasta que saltó el buzón de voz. "Estoy

lla

dres. Su madre me contestó c

i lo estuviera, está ocupado. Tenem

los que yo, su espos

a semáforo en rojo era una tortura. En la sala de emergenc

doctora me dio la noticia con una me

ste un aborto espontáne

e procesar sus palabras. Embarazada. Un hijo. Nuestro segu

abía p

endo la cara de Alejandro, rev

enas audible. "¿Por qué no me d

de acusación. Como si yo le hubi

r mi mejilla. "Me enteré en el hospital, después de haberlo perdido. Después de

ón," balbuceó, pero la mentir

s más, Alejan

a respirar. Me apoyé en la encimera de

rsidad por las noches. Él era el heredero del imperio ganadero más grande del estado, el hijo

iguiente, solo.

partes iguales. Me dijo que nunca había conocido a nadie co

mbre bueno que el alcohol había destruido. Le conté cómo, después de sus peores borracheras, cuando mi madre y yo nos escondíam

o, mi niñ

nvirtió para mí en el símbolo de una

entre sus manos esa noch

ros y llenos de amor. "Te juro que n

lo único que me quedaba de aq

a, con su rostro pálido y sus excusas

é para mí misma, y l

eve promesas rotas, marc

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Adiós, Jaula de Oro
Adiós, Jaula de Oro
“Ocho años de matrimonio. Ocho años de un silencio ensordecedor y una soledad abrumadora en mi propia mansión. Pero nada me preparó para el día de nuestro aniversario, cuando Alejandro, mi esposo, llenó cada rincón de nuestra casa con novecientas noventa y nueve rosas rojas, sabiendo la profunda aversión que sentía por ellas. La burla fue aún más cruel cuando supe que era cómplice de su secretaria, Mónica, la mujer que poco a poco había usurpado mi lugar, no solo en su vida, sino en la de mi propio hijo. En medio de todo, una verdad más oscura y desgarradora se reveló: la pérdida de un bebé que ni siquiera sabía que llevaba dentro, un dolor que enfrenté completamente sola. Me di cuenta de que mi vida anterior, aquella jaula de oro, había terminado. "Quiero el divorcio, Alejandro." Susurré, pero mi voz sonó como un grito de guerra en el corazón de un infierno de rosas. Había llegado el momento de luchar, no solo por mi libertad, sino por todo lo que me habían arrebatado.”
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