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El Retorno del Príncipe

Capítulo 4 

Palabras:778    |    Actualizado en: 07/07/2025

añana siguiente. Su rostro, normalmente arrogante y se

"Entiendo que mi hija... ha sido indiscreta.

, Duque. Son sus intenciones", r

nza con mi casa es la más poderosa que puede forjar. Esta... princesa d

e momento, parece provenir de su propia casa, Duque", rep

n de Sebastián, pero no dijo nada. Estaba claro q

do por los desvaríos de una joven enamorad

Duque. No lo olvide", concluí,

mbición de Isabella y el resentimiento de Sebasti

eal anual, un evento al que toda la corte estaba obligada a asistir. E

, sino que observaban desde un claro. Su cercanía era inapropiada y descarada. Isabella le ajustaba el cuello de la camisa a Sebastián, mien

ensa del bosque, persiguiendo a un gran ciervo. El terreno se volvió más esc

ces cuand

Se encabritó violentamente, sus ojos desorbitados por el terror. Luché por mantener el

o que aseguraba la silla, estaba casi completamente cortada.

ompió por completo. La silla se deslizó, y yo fui arrojado vi

brutal, y un dolor blanco y cegador estalló en mi cuerpo. Rodé por la pendiente, las ramas y las piedras ara

i hombro era insoportable. Estaba aturdido, desorien

Dios mío, Sebastiá

voz de

almado, estaba siendo sujetado por un guardia. Sebastián estaba en el suelo, agarrándose la pierna

n!", gritaba, con lágrimas corriendo por su cara.

o. Ni una sola vez preguntó por mí. El Príncipe Heredero del imperio podía estar muerto o moribund

do y el cuerpo magullado, la última y minúscula brasa de cualquier se

a y escalofriante, que si hubiera tenido que elegir entre su

había hec

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El Retorno del Príncipe
El Retorno del Príncipe
“El dolor agudo en mis huesos rotos era lo último que sentía, el frío de la mazmorra se filtraba mientras el Imperio ardía. Isabella, mi prometida, no solo había vendido los planos de defensa de la capital con su amante, el eunuco Sebastián, sino que también me envenenó lentamente. "Te amé, Alejandro, pero te interpusiste. Él era mi verdadero amor", me susurró, mientras la parálisis me invadía. Sebastián, con una sonrisa torcida, presenció mi caída. Viendo cómo mi mundo se desmoronaba por su traición, morí con el veneno quemándome la sangre. ¿Cómo era posible que quienes juraron amarte te traicionaran de la forma más vil y cruel, usando las promesas como un arma? ¿Qué oscuro pacto podría desencadenar tal perfidia? Pero, en un giro inexplicable del destino, abrí los ojos. Me encontré de pie, en el Gran Salón del Trono, en el día crucial de elegir a mi consorte, el mismo día en que, en mi vida anterior, sellé mi fatal destino al elegir a Isabella. Esta vez, las cosas serían diferentes.”
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