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Sangre Curativa: Un Amor Mortal

Capítulo 3 

Palabras:819    |    Actualizado en: 04/07/2025

humillación que Camila había diseñado era pública y bruta

ad perfecta servida

i voz resonando en el silenc

ante apareció en e

tirte, ¿cuál es tu condició

la cabeza

," declaré, ignorando el gruñido furioso de Ricardo, "en su lugar, curaré

lena de la Vega, y luego más allá, a unos cuantos miembr

Diego de

la Cruz era sinónimo de tragedia, un año en estado vegetativ

!" exclamó alguien

fundo, no hay act

ícil, pero lo de Diego de la Cruz es

do exactamente el efecto que yo quería, cuanto má

omento, luego una sonrisa de supe

ácil, cuando yo haga que Ricardo camine, y tú fracases miserablemente con ese

o," respond

a carcajadas

tu vida, prepárate para desaparecer, Ximena, porque cuando yo me

a, una mirada que contenía

ero lo suficientemente clara para que él me oyera, "a vece

mí, completamente ciego a

nadora, era una aficionada a la bioquímica que jugaba con estimulantes peligrosos y drogas experimentales, su "hierba milagrosa" era probablemente un

orada, la gente hacía apuestas, y la gran mayoría, por supuesto, apostaba por Camila y Ricardo, él mismo avivó las llamas, invirtiendo una suma

uz, Isabel de la Cruz me recibió en la puerta, sus o

, "escuché lo de la apuesta, ¿es cierto? ¿

tranquila, lejos de los oí

"voy a serle completamente honesta, vo

ron de sus ojos y

ida entera le pertenecerá, la fortuna de la

s manos s

mé, mi voz fría y decidida, "lo hago para ganar una apuesta, y para asegurarme

la determinación en mis ojos, la sed de justicia, y no hizo más

monótonamente, Diego yacía en la cama, pálido e inmóvi

comencé mi trabajo, i

l hombre que era la clave de mi venganza,

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Sangre Curativa: Un Amor Mortal
Sangre Curativa: Un Amor Mortal
“El olor a desinfectante y muerte llenaba mis pulmones, un escalofriante recordatorio de mi vida anterior que se negaba a desvanecerse. Sentí el frío de la camilla metálica contra mi piel, el mismo frío que sentí mientras mi propia sangre, la sangre que podía curar, se escapaba de mis venas abiertas. Fue un sacrificio inútil, un acto de crueldad orquestado por el hombre al que había salvado: Ricardo de la Vega. Lo curé de una parálisis que lo había confinado a una silla de ruedas. La familia de la Vega, en su desesperación, había prometido públicamente que quien sanara a su heredero se convertiría en la matriarca de la familia. Así que, cuando logré que Ricardo volviera a caminar, me vi forzada a casarme con él, un hombre al que no amaba y que me despreciaba en secreto. Él amaba a otra, a Camila Torres, su novia de toda la vida. Ella, supuestamente, había escalado el Popocatépetl para buscar una hierba legendaria para él, una prueba de amor que terminó en tragedia. La noticia de nuestro matrimonio forzado la distrajo, cayó por un barranco y su cuerpo desapareció en la nieve. Un año después, encontraron su cuerpo congelado, perfecto y sin vida. Ricardo, loco de dolor y resentimiento, me arrastró hasta ella, me puso un cuchillo en la mano y me ordenó que me cortara las venas, que la reviviera con mi sangre milagrosa. Morí desangrada, viendo cómo mi vida se derramaba sobre el cadáver de mi rival, sin que ella diera la más mínima señal de vida. Pero entonces, abrí los ojos. No estaba en una morgue fría, sino en mi humilde casa en las afueras de la Ciudad de México. Miré el calendario, la fecha me heló la sangre y luego me llenó de una euforia salvaje: era el día exacto en que la familia de la Vega vino a buscarme por primera vez. Había vuelto. Esta vez, las cosas serían diferentes.”
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