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Corazón Roto en la Cancha

Capítulo 1 

Palabras:832    |    Actualizado en: 03/07/2025

sonaba estridente en mis oídos, pero yo solo podía escuchar el latido furioso de mi propio corazón, cada jugada se se

ón, su marca se sentía más agresiva que la de cualquier defensa contraria, un codazo "accidental" e

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ra a Valeria en su lugar, pero él parecía no ver nada, sus ojos estaban fijos en el marcador, su mandíbula ap

er atacada por mi propia gente me dejaba un vacío en el estómago, mientras cojeaba hacia los vestidores, vi a Ricard

l celular de Ricardo vibró sobre la banca a mi lado, lo había olvidado

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pudo correr al final. Pronto seré yo la delantera estre

or", "la estúpida", "el plan", todo encajó de repente, la hostilidad de Valeria, la indiferencia de Rica

e se alejaba hacia el pasillo de las bodegas, me escondí detrás de una pila de colchonetas vie

algo?", preguntó la v

a había escuchado antes, "Esa tonta cree que todo lo que hago es por

"Pero ¿cuánto tiempo más, Ricardo? Estoy cansada d

campeonato, su estilo de juego me hace brillar, una vez que tengamos el trofeo en nue

nó, cada recuerdo feliz, cada palabra de amor, cada promesa, todo era una mentira, una farsa cu

lara y fría como el hielo se formó en mi mente, no iba a dejar que me destruyeran

humillación, cada vez que Ricardo me pidió que cediera el tiro a gol para que él se luciera, cada vez que minimizó mis logros diciendo que eran "para el bien del equipo",

aje de una vieja amiga que jugaba en un equipo rival, uno

pas, nuestro nuevo entrenador, Mateo, está haciendo pruebas abiertas.

cambio de aires, era una oportunidad, una vía de escape, una

pentir de habe

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Corazón Roto en la Cancha
Corazón Roto en la Cancha
“El sudor me corría por la frente, mezclándose con la llovizna fría en el estadio. El pitido del árbitro era ensordecedor, pero solo escuchaba el furioso latido de mi propio corazón. Cada jugada era una batalla personal, no contra el equipo rival, sino contra una sombra en mi propio bando. Valeria, mi compañera, se suponía que jugaba a mi lado, pero cada vez que yo tenía el balón, se sentía más agresiva que cualquier defensa contraria. Un codazo "accidental", un pisotón "involuntario" y susurros venenosos: "Muévete, lenta", "Otra vez vas a fallar". Miraba a Ricardo, el capitán, mi novio, buscando su apoyo, pero él no veía nada. Sus ojos fijos en el marcador. Para él, solo la victoria importaba. Ganamos, pero no sentía alegría. El dolor en mi tobillo era agudo y la sensación de ser atacada por mi propia gente me dejaba un vacío. Al cojear, vi a Ricardo celebrar, palmeándole la espalda a Valeria, sonriéndole de una forma que nunca me sonreía a mí. Sola en la banca, intentando masajear mi tobillo hinchado, el celular de Ricardo vibró a mi lado. Lo había olvidado. La pantalla se encendió, mostrando un mensaje de Valeria: "El plan funcionó perfecto, amor. La estúpida apenas y pudo correr al final. Pronto seré yo la delantera estrella, y tú y yo celebraremos el campeonato como se debe". Mi respiración se detuvo. "Amor", "la estúpida", "el plan". Todo encajó. La hostilidad de Valeria, la indiferencia de Ricardo. Una conspiración. Un impulso me hizo levantarme. El dolor olvidado. Los seguí y me escondí detrás de unas colchonetas. "¿Crees que sospeche algo?", preguntó Valeria. "¿Sofía? Para nada", la risa cruel de Ricardo me perforó, "Esa tonta cree que todo lo que hago es por el \'equipo\', cree que la amo, es tan ingenua, tan fácil de manipular". "Pero ¿cuánto tiempo más, Ricardo? Estoy cansada de ser la segunda", ronroneó Valeria. "Paciencia, mi vida, necesito sus pases perfectos para el campeonato. Una vez que tengamos el trofeo, ella no será más que un recuerdo. El equipo será nuestro". Escuché el sonido de un beso, húmedo y largo. Sentí náuseas. Todo era una mentira, una farsa para utilizarme. Me consumió la rabia, pero una idea clara y fría se formó: no iba a ser la víctima. Si querían guerra, la tendrían. El dolor en mi tobillo no era nada comparado con la injusticia y la humillación pública. En el punto más bajo de mi vida, una promesa nació del fuego de mi ira. Me levantaré de estas cenizas y me aseguraré de que paguen por cada lágrima, por cada insulto, por cada gramo de dolor. La próxima vez que nos viéramos, no sería un circo, sería un juicio.”
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