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La Preferencia De Mi Madre

Capítulo 4 

Palabras:634    |    Actualizado en: 03/07/2025

ños p

. Yo trabajaba duro en una empresa de contabilidad, él era ingeniero.

Los veía en Navidad y en algunos cumpleaños, encuentros l

madre empez

os del corazón y los riñones. Ricardo, por supuesto, estaba

abilidad, como sie

en nuestra casa. Era más fácil para mí cuidarla así, llevarl

e nunca había sido un

está muy sa

de del trabajo? Me tiene

sí que tiene suerte, su

je de una hora en el tráfico, y lo primero que recibía eran reproches. Miguel me dec

os, casi imperceptibles, en los

ma sin cenar. A la media hora, mi madre entró a mi cuarto con un

irarme a los ojos. "Par

e f

que hacía cuando yo era niña y me enfermaba. Un pequeño gesto, casi perdid

mentos eran

uvo que ser hospitalizada, volví a mi rut

ba mis cuidados como si fueran mi oblig

ero, Ricardo hizo su gran aparició

res carísimo y una caja

ientes?", dijo con s

onrisa genuina, de esas que yo no había

que viniste. Te

us fantásticos planes de negocio (que nunca se concretarían), y ella lo es

abía estado limpiándola, dándole de comer, llevándola al baño, ya no

tado" dinero a mi madre de su pensión, ella se qu

ude

urno había terminado. La escena del testamento en la unidad de cuidados intensivos no fue una sorpresa

ra la responsable.

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La Preferencia De Mi Madre
La Preferencia De Mi Madre
“El olor a antiséptico y a tristeza se me pegaba al alma en la unidad de cuidados intensivos, mientras sostenía la mano de mi madre moribunda. Llevaba días sin dormir, cuando el abogado y mi hermano Ricardo, impecable como siempre, entraron con el rostro sombrío que anunciaba el fin. Mi madre, Elena, con un hilo de voz, dictó su testamento: "Todo mi dinero... mis propiedades... la casa familiar... todo es para mi hijo, Ricardo." El aire se me fue de los pulmones al escucharla, dejándome solo a mí, Sofía, un viejo joyero carcomido y la frase que me congeló el alma: "Ricardo me necesita más. Tú siempre has sabido cuidarte sola." Esta distribución brutal e injusta, donde su favoritismo se sellaba, me destrozó, pues toda mi vida había luchado por su aprobación, solo para ser castigada por mi propia fortaleza. Mi madre, a quien serví y cuidé hasta el final, eligió darlo todo a mi codicioso hermano, el favorito. Aun así, cuando, llena de rabia y desprecio, fui a deshacerme del viejo joyero que me dejó, un anticuario descubrió un doble fondo. Ahí, ocultas bajo baratijas sin valor, brillaban joyas de incalculable valor. Era el tesoro escondido de la familia. Comprendí entonces la última lección de mi madre: no fue desprecio, sino una protección desesperada contra el lado oscuro de Ricardo. Pero mi hermano, consumido por la envidia al descubrir mi secreto, no se detendría ante nada para robarme lo que consideraba suyo.”
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