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La Venganza de La Ceo Nueva

Capítulo 3 

Palabras:807    |    Actualizado en: 03/07/2025

do. Ahora, confinada a una silla de ruedas, la casa se sentía como una jaula dorada, diseñada por mi propio carcelero. Ricar

retando su papel

dormitorio, mi amor", me dijo una tarde, mientras me empujaba por el

dulce me revolvía el estómago. Cada palabra suya era una capa más de la men

a, y no venía solo. De su mano, un niño pequeño lo miraba todo con ojos curiosos

me heló la sangre. "Quiero que conozca

go miré a Ricardo, esperando ver una pizca de vergüenza, de arrepentimiento. No había nada. Solo una determinación f

nuestro primer aniversario, el que yo guardaba en mi joyero como mi tesoro más preciado. La comprensión me golpeó con la fuerza de una bofetada. No era solo una aventura. Él habí

al. Era Camila. Vestía un elegante vestido de verano, su cabello perfectamente pe

melosa y desafiante. "Soy

do disculpas. Estaba reclamando su lugar,

ra que tanto me había cost

a por el dolor y la rabia. "

reacción fuera un berrinche infantil

ñalando la puerta con una mano temblorosa

la mano y guió a Camila hacia la salida. Pero cuando estaban en el pasill

a la ha dejado muy sensible. No entiende lo q

jer desequilibrada por la tragedia. Apreté los puños sobre el

la estantería más alta desde mi silla. "Calculé" mal la distancia y, con un movimiento brusco, tiré un

habitación, con el rostro llen

rrodillándose para recoger los pedazos. "No debiste intentar hacerlo

a, con los ojos lleno

. "Solo quería... se

acariciando mi brazo. "Tú descansa

dependiente, más inofensiva. Y eso era exactamente lo que necesitaba para poder llevar a cabo mi plan. Dejaría que me subestim

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La Venganza de La Ceo Nueva
La Venganza de La Ceo Nueva
“Una noche, la alegría de nuestro aniversario se transformó en un grito silencioso. Ricardo, mi esposo, aquel que juró protegerme, me sonrió mientras celebrábamos, nuestro hijo creciendo en mi vientre. Pero en un instante, todo se desmoronó, un empujón brutal y la caída por las escaleras me robaron el aire, el bebé, y la movilidad de mis piernas. Desperté en el hospital, con Ricardo a mi lado, su angustia parecía real, hasta que escuché las voces veladas. Camila, su amante, confirmando el éxito del "aborto planeado" y discutiendo mi parálisis. "El médico lo confirmó, el aborto fue... exitoso. El problema es la parálisis, no estaba en el plan que fuera tan evidente" . "Con ella paralítica y sin el bebé que nos estorbaba, el camino está libre para Marcos. La herencia será para mi hijo, para nuestro hijo" . ¡No fue un accidente! Mi esposo, el hombre que amaba, había orquestado la muerte de nuestro hijo y mi parálisis para beneficiar a su bastardo. La noticia de mi infertilidad me vació, pero en medio de la desolación, una chispa de fuego helado encendió mi alma: no más lágrimas, solo una férrea determinación. Fingiría sumisión, la muñeca rota que querían, y usaría su confianza en su contra. Me fui a Suiza, no para una cura milagrosa, sino para mi renacimiento, mientras ellos celebraban su falsa victoria en mi ausencia. El juego acababa de cambiar de reglas. Cuando la empresa de Ricardo colapsó, regresé no como la víctima, sino como la nueva presidenta, lista para reclamar lo que era mío y ajustar cuentas.”
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