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Habla Con Mi Marido

Capítulo 3 

Palabras:791    |    Actualizado en: 03/07/2025

encia. El murmullo se convirtió en una expectativa palpable. Las mujeres se retocaban el labial, los hombres se ender

de las que siempre habían adulado a Jime

e tu jefe", dijo, arrastrando las palabras con malicia. "Ni en tus sueños más locos te

ón de una respuesta. Me di la vuelta, dispuesta

equeño, de unos cuatro años, con el cabello castaño revuelto y una risa contagiosa, cor

algunos sonriendo, otros m

ón, con una misión clara. Sus ojos, grandes y

m

ntó sus bracitos y se aferr

Ma

do pareció detenerse. Todas las miradas, que antes estaban puestas en la puerta esperand

os. El olor a galletas y a niño li

s aquí? Te dije que espera

dijo, escondiendo s

oz masculina, cálida y tr

apó. Estaba demasiado ansi

ue podría calmar cualquier tormenta. Vestía elegantemente, pero de forma relajada. Su mirada no esta

jandro

adas de asombro y los susurros. Puso una mano en mi

preguntó a nuestro hijo. Luego m

orazón latía con fuerza, pero e

nto, pálido y nervioso

o. Es un honor tenerlo

le sonrió

o vine a recoger a m

a" cayó como una

da intensa sob

mí, una y otra vez. La arrogancia, la seguridad, todo se había desmoronado, dejando al descubierto una incred

so adelante, como un autómata

spo

uplicando una negac

niño... es...? ¿Mamá? ¿

Miré a Ricardo, al hombre que me había despreciado y humillado en dos vidas,

so. Y él", dije, acariciando la me

ntos antes se burlaban de mi vestido sencillo y mi supuesta vida

es! ¡No sabíamos qu

osa famili

.. wow! ¡Y tu h

. Mi mundo ya no giraba en torno a su aprobación. Gi

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Habla Con Mi Marido
Habla Con Mi Marido
“Volví a abrir los ojos y un calendario marcaba diez años en el pasado. Había muerto en un accidente de coche, con la mano de Ricardo aferrada a la mía, justo después de que me culpara por no haber triunfado en su carrera musical. El universo, o lo que fuera, me otorgó una segunda oportunidad. Cambié mi destino, me convertí en una arquitecta exitosa y forjé una vida plena, lejos de su toxicidad. Pero el reencuentro de exalumnos me arrastró de nuevo a su presencia. Ahí estaba él, Ricardo, el músico frustrado, ahora un arrogante inversionista inmobiliario, acompañado de Jimena, la misma que siempre buscó separarnos. Con un fajo de billetes en la mano, me ofreció un puesto de "asistente sencilla" y me humilló frente a todos, aludiendo a mi supuesta pobreza y fracaso. Jimena, con su falsa compasión, me llamó "simple" y "amargada", mientras los demás se reían. ¿Cómo se atrevía a tratarme así después de todo lo que sacrifiqué por él en mi vida pasada? Justo cuando estaba a punto de explotar, un torbellino de pelo castaño entró corriendo, aferrándose a mis piernas. "¡Mamá!", gritó mi hijo, Mateo. Y detrás de él, mi esposo, el magnate de la construcción, Alejandro Castillo, llegó sonriendo para llevarnos a casa. Fue entonces cuando Ricardo, y todos los demás, se quedaron mudos, al ver la vida que había construido, lejos de su sombra.”
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