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El Arrepentimiento del Padre Cruel

Capítulo 3 

Palabras:499    |    Actualizado en: 03/07/2025

olvieron con las manos vacías, confirmando que n

ión de Rica

les hombros. "¿Dónde la escondes? ¡Te juro que si no me lo dice

or, su rostro una máscara

rdad, señor. Que

a salió corriendo de la choza de la abu

a a mi

vuelto, la cara sucia de tierra y lágrimas, pero sus ojos... s

sus

da mañana. La misma mandíbula terca, la misma forma de la nariz

e aflojó. Se quedó mirando al niño, un

Ricardo, sin mostrar mied

", repitió, su vocecit

azó al niño, tratando de pro

, entra a la ca

con la cruel inocencia de un niño que no entiende las consecue

me habló de ti. Se llamaba Sofía. Dijo que tú la querías mucho, pero que luego la

abra era

h

iño a la abuela, buscando una negación, una explicación, cualq

Ricardo, la palabra ex

lágrimas finalmente

aron toda la sangre. Dijeron que era para una t

pecho, un dolor tan intenso que lo dejó sin aliento, un vacío que amenazaba con consumirlo. Negación, dolor, rabia, todo se mezcló en un có

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El Arrepentimiento del Padre Cruel
El Arrepentimiento del Padre Cruel
“El helicóptero de Ricardo descendió sobre un pueblo olvidado en la sierra, levantando una nube de polvo rojizo, un dios metálico para los aldeanos que nunca habían visto algo así. La impaciencia de Ricardo creció cuando sus ojos fríos y calculadores recorrieron el miserable caserío en busca de Sofía, la mujer que había desterrado hacía cinco años. Pero el pueblo guardaba un silencio tenso, un miedo palpable, una verdad que nadie se atrevía a pronunciar. Hasta que la anciana del pueblo, la Abuela, lo enfrentó con dignidad feroz, revelándole que Sofía no estaba, que había "encontrado la paz". Ricardo rio con desprecio, negándose a creer que su amada Sofía, cuya sangre prometía sanar a su enferma Isabella, pudiera estar muerta. Pero la Abuela insistió, con lágrimas en los ojos, que Isabella misma había enviado hombres meses atrás para "desangrar" a Sofía, dejando su cuerpo para los coyotes. La negación de Ricardo se convirtió en una furia ciega, acusándola de mentirosa y destrozando el pueblo en busca de una Sofía que no existía. De pronto, un niño diminuto, un torbellino de furia, se lanzó a proteger a la Abuela, y Ricardo se detuvo en seco al ver sus propios ojos reflejados en el niño. Mateo, el hijo de Sofía y suyo, le reveló la cruel verdad: cómo su madre había sido desechada y luego sacrificada por la mujer a la que él adoraba. En un torbellino de dolor y negación, Ricardo se convenció de que el niño era un bastardo, un recordatorio del engaño de Sofía, pero que su sangre aún serviría para Isabella. Arrebató a Mateo de los brazos de la Abuela, quien, en un intento de protegerlo, cayó e impactó contra una piedra, quedando inmóvil. Mientras el helicóptero se elevaba, la voz de Ricardo resonó con frialdad al ordenar que prepararan al médico: "Tenemos un donante. La sangre es joven, será aún más potente. Isabella se va a poner bien". Y así, Ricardo llevó a su propio hijo hacia un destino macabro, sellando el trágico final de un amor ciego y una letraición inimaginable.”
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