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Una Historia Miserable de Preferencia

Capítulo 2 

Palabras:843    |    Actualizado en: 02/07/2025

de lluvia se sentía como un golpe. La imagen de Sofía riendo en la fiesta e

l teléfono volvió a sonar.

emociones, "necesitamos que venga a

as no tenían sentido, eran un idioma extr

rmando. "Hubo un error. Mi hijo

Su hijo no sobrevivió. Fal

hogado escapó de su garganta, un sonido animal, primario. Se dobló por la mitad, co

ero no lo sintió. Solo sentía un vacío inmenso, un agujero negro que devoraba todo dentro de él. Juanito. Su muchacho. Su campeón. El que tenía un

llo, por un tiempo que no

e y la luz del pasillo ilumi

or a perfume caro y a alcohol llenó la pequeña sala, un contraste naus

z teñida de irritación. "Parece que viste

ente. Sus ojos, rojos e hinchado

," susurró. "Jua

ó por un segundo, solo un segundo. Lu

carecía de la desesperación que Armando

o a ella, con su vestido lujoso, sus aretes brillantes, y pensó en la motocicleta destrozada, en

u escrutinio, se acerc

lo sient

ó de su contacto

el fondo de su alma rota, un torrente de dolor, de rabia, de impotencia. Se puso de pie, temblando de pies

, buscando un refugio que ya no existía. Se dejó caer en la

u teléfono y estaba hablando en susurros en la sala.

ella. "No, no te preocupes, la fies

una p

o son los dramáticos... Sí, lo de Juanito.

ón, el veneno de cada palabr

e Armando no ande de preguntón. Tú sabes que yo tengo lo mío guardado. Mientras tú siga

se mezcló con el ácido de la traición. No era solo negligencia. No era solo egoísmo. Era un engaño. Una farsa cruel y prolongada. Su pobreza,

lágrimas con el dorso de la mano y se quedó mirando la pared, viendo no la pintu

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Una Historia Miserable de Preferencia
Una Historia Miserable de Preferencia
“Mi vida de pescador era dura, pero con mi hijo Juanito a mi lado, todo valía la pena; él, una promesa del fútbol, era nuestro futuro, nuestra esperanza. Pero esa madrugada, una llamada destrozó esa esperanza: Juanito sufrió un accidente, y al llegar al hospital, la indiferencia de mi esposa Sofía, más preocupada por la fiesta de su primo Ricardo, me golpeó más fuerte que cualquier ola. Mientras mi hijo agonizaba, ella celebraba el éxito musical de Ricardo, el mismo al que había subvencionado con nuestros ahorros, endeudándonos hasta el cuello y obligando a Juanito a trabajar para pagar sus caprichos. Cuando el hospital me dio la noticia fatal, las palabras de Sofía, susurrando por teléfono que "lo de Juanito fue una lástima, pero esas cosas pasan", y que "la plata es para que Armando no ande de preguntón", me congelaron el alma. El amor se convirtió en hielo, y con cada bocanada de sangre que toso, prometo que la verdad de Juanito se alzará desde las profundidades del mar, y ellos pagarán por cada lágrima y cada traición.”
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