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Mi Esposa Cruél y Su Amante

Capítulo 3 

Palabras:754    |    Actualizado en: 02/07/2025

nta displicencia no duraría para siempre. Con el corazón encogido, tuve que volver a la oficina. La

de vuelta fu

es se detuvieron en seco. Las cabezas se giraron. Sentí docenas de ojos clavados en mi espal

est

bre, ¿te e

fonso... y se llevó

ergüen

gedia personal se había convertido en el chisme de la oficina, un espectáculo para que todos lo comentaran. Quería gritarles que se

ento de contabilidad, se acercó a mi cubículo con

mo estás? Escucham

s," respondí, mi voz más á

, bajando la voz. "Dicen que Clara te dejó por Alf

sí que ya no eran solo susurros. Era un he

te, incapaz de

de lástima. "Lo siento mucho. N

Solo confirmaban que mi vida privada est

o masivo llegó a la bandeja de entrada de todos los empleados. E

uncio de Reestructuración del

eo. Mis ojos escanearon el texto ha

proyecto, con efecto inmediato. Por favor, denle todos la bienvenida a Alfonso Reyes en su nuevo rol

gado en bandeja de plata a mi reemplazo, al hombre que había destruido mi familia. No solo me había robado a mi esposa, ahora también me

tan abrumadora q

mi orgullo y me sumergí en el trabajo. Me convertí en una máquina. Llegaba temprano, me iba tarde. Apenas veía la luz del so

icularmente compleja del proyecto, una que sabía que Alfonso no podría manejar por sí solo.

me desplomaba en la cama, solo para despertarme un par de horas después por su llanto. La combinación

ros empezaron a bailar. La habitación comenzó a dar vueltas. Un sudor frío me recor

on. Lo último que vi fue el techo de la oficina gi

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Mi Esposa Cruél y Su Amante
Mi Esposa Cruél y Su Amante
“La noche en que mi esposa dio a luz, el aire del hospital olía a una mezcla extraña de antiséptico y la felicidad que creía mía. Pero la voz de mi esposa, Clara, clara y nítida, rompió la ilusión: "Alfonso, di a luz a gemelos de padres diferentes. El que tiene una marca de nacimiento en el hombro es tu hijo, el otro es de mi esposo." El mundo se detuvo. Mi madre, a mi lado, se desplomó, víctima de un infarto masivo, todo por la traición que acababa de escuchar. En un instante, mi alegría de ser padre se pulverizó en la ceniza amarga de ser un hijo huérfano. Mi teléfono vibró con un mensaje de Clara: "Solo me llevaré a un niño, el hijo de Alfonso. El otro te lo dejaré a ti. Considéralo una compensación." ¿Compensación por destruir mi vida? Mi madre muerta, mi esposa y un bebé desaparecidos con su amante, y yo, abandonado con el niño que era la prueba viviente de mi traición. Semanas después, mi tragedia personal se convirtió en el chisme de la oficina. Luego, el golpe final: Clara nombró a Alfonso como líder de mi proyecto, humillándome públicamente. La injusticia me asfixió, pero por mi hijo, me aferré. Luché hasta el colapso, terminando de nuevo en el hospital. Al regresar, mi trabajo, meses de esfuerzo, había desaparecido de mi computadora. Corrí a la sala de juntas y vi a Alfonso presentando mis diapositivas como suyas. Clara, en pantalla, lo defendió, tildándome de mentiroso. Algo dentro de mí se rompió. "¡Mientes!", le grité, abalanzándome sobre Alfonso. Mi puño conectó con su mandíbula. El caos estalló. Los guardias me arrastraron. "¡Está despedido!", gritó Clara. Pero me quité el gafete, lo lancé al escritorio y dije, con una calma que no sentí: "No puedes despedirme. Renuncio." Luego, mirando a Alfonso: "Y quiero el divorcio. Inmediatamente." En ese momento, en medio del desastre, sentí una extraña liberación. La pesada carga se aligeró. Me había perdido a mí mismo, pero acababa de recuperarme.”
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